El Ejecutivo de Pedro Sánchez ha vuelto a exhibir su falta de compromiso con los aliados internacionales en un momento crítico. En las últimas horas, Estados Unidos ha tenido que movilizar once aviones cisterna desde las bases de Morón de la Frontera, en Sevilla, y Rota, en Cádiz. Esta espantada forzosa responde a la prohibición expresa del Gobierno de España de permitir que nuestras instalaciones sirvan de apoyo a la operación ‘Furia Épica’ contra Irán.
La ministra de Defensa, Margarita Robles, ha intentado maquillar la situación con una frialdad pasmosa. Ha admitido que las aeronaves americanas han abandonado suelo español «porque desde aquí no iban a realizar ninguna actuación». Con estas palabras, Robles confirma que el PSC y el PSOE prefieren dar la espalda a la logística militar de Washington antes que asumir responsabilidades en la defensa de los intereses occidentales.
El convenio de Defensa vigente otorga al Gobierno la potestad de autorizar o denegar operaciones que excedan lo estipulado. Moncloa se ha aferrado a esta cláusula para bloquear el despliegue de los aviones cisterna, alegando que se trata de un ataque «unilateral y sin apoyo internacional». Esta decisión deja a España en una posición de irrelevancia y desconfianza ante el Pentágono, que ya busca mayor agilidad en otras bases europeas.
La política exterior de Sánchez parece más centrada en complacer a sus socios secesionistas que en mantener la solvencia de nuestras alianzas históricas. Mientras en ciudades como Lérida o Gerona se cuestiona la unidad del Estado, el Gobierno central se dedica a poner trabas a la operatividad de las bases de uso compartido. No es la primera vez que la ambigüedad del PSOE genera fricciones con la Casa Blanca.
Robles ha precisado que la única excepción para el uso de Morón y Rota serían las misiones de evacuación por motivos humanitarios. Esta visión restrictiva de la defensa convierte a nuestras bases en simples hangares de emergencia, anulando su valor estratégico en el tablero internacional. El mensaje enviado a los aliados es claro: no cuenten con España para operaciones de combate o apoyo logístico directo.
La reubicación de estos once aparatos en otras bases de Europa evidencia que los aliados ya no ven en España un socio fiable. El traslado dominical de la flota refleja la urgencia de Estados Unidos por encontrar aliados que no pongan palos en las ruedas en plena escalada de tensión. España pierde peso específico mientras el PSOE se enroca en una neutralidad que roza la negligencia estratégica.
El coste de esta decisión no es solo diplomático, sino que afecta a la credibilidad de nuestras Fuerzas Armadas. Al impedir el apoyo a la operación ‘Furia Épica’, Sánchez se desmarca de la línea de acción de las grandes potencias occidentales. La soberanía nacional no debería ser una excusa para el aislacionismo o para castigar la relación bilateral con nuestro principal socio de seguridad.
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