
Pep Guardiola fue el entrenador más laureado del planeta fútbol durante su estancia en el banquillo del Barça. Su corte de periodistas aduladores y pelotas le ensalzaron hasta intentar entronizarle como el mejor entrenador del mundo.
Pues no. Fue abandonar la estela de Messi, Xavi, Iniesta y compañía y fracasar. Porque fracasar es ir a clubes multimillonarios para fracasar en el único objetivo para que el le fichaban: maravillar en Europa para conseguir la Champions League.
Fracasó en el Bayern de Munich y fracasó en el Manchester City. Este miércoles un equipo que apenas ha podido fichar, que hace muchos años que no es nadie en Europa y que ni se recuerda cuando consiguió la última Premier League le ha pasado la mano por la cara.
Mauricio Pochettino le ha dado a Pep Guardiola, el de la falsa modestia, una gran lección de estrategia futbolística y ha dejado fuera al City de la competición de clubes más importante del mundo.
Ahora el City podrá gastarse otros cuatrocientos o quinientos millones de euros para que Guardiola siga teniendo nuevos juguetitos en su constante camino hacia el fracaso. Para ser el mejor entrenador del mundo hay que demostrarlo, y vencer, allá donde vayas.
Una persona tan tosca como José Mourinho lo hizo en clubes muy diferentes. Es posible que el portugués no haya sido nunca el mejor entrenador del mundo. Pero lo que quedó claro en la eliminatoria contra el Tottenham es que Guardiola tampoco lo es. Y no lo será nunca.
Por Sergio Fidalgo
necesita tu apoyo económico para defender la españolidad de Cataluña y la igualdad de todos los españoles ante la ley.



















