Esquerra Republicana, sobre todo Oriol Junqueras, siempre ha apostado por aumentar el apoyo popular del independentismo apelando a sectores que tradicionalmente no se consideraban nacionalistas, y lo bautizó como «ensanchar la base». Dentro de esta estrategia el fichaje de Gabriel Rufián como el hombre de ERC en Madrid fue el escaparate más evidente.
ERC quería trasladar al votante castellanoparlante del área metropolitana de Barcelona que su formación apostaba por «uno de los suyos», Gabriel Rufián, porque la independencia de Cataluña era buena desde el punto de vista económico y de calidad democrática para todos, no solo para los que tenían ocho apellidos catalanes. Era una apelación al «voto charnego» – según la terminología nacionalista – que apostaba mayoritariamente por el PSC y el espacio ocupado anteriormente por el PSUC e Iniciativa, y en la actualidad por los Comunes.
Aunque esta apuesta consiguió algunos réditos en el área metropolitana de Barcelona, pronto dio muestras de agotamiento, y se mostró insuficiente para conseguir la mayoría suficiente que ERC anhelaba. Y, con la necesidad de Pedro Sánchez de los votos de Esquerra en el Congreso, surgió la auténtica oportunidad de «ensanchar la base»: si los votantes «charnegos» siguen apostando por los socialista, la solución es comprar al PSC y que dé un giro independentista.
Y así ha sido, poco a poco los pactos en el Congreso se trasladaron a la política catalana, pero no de la forma que se cerraron durante los tripartitos de Maragall y Montilla. En aquel período el PSC pactó con ERC, pero los socialistas fueron poniendo freno a las demandas separatistas. Los tripartitos eran soberanistas, pero el PSC consideraba que cada demanda separatista que atendían, les perjudicaba, y había un tira y afloja constante.
Ahora ya no. El PSC ha visto los réditos de girar hacia el independentismo, y cuenta en la actualidad con un notable poder local, que ha aumentado mucho gracias a sus pactos en diputaciones y ayuntamientos con los separatistas. En el Ayuntamiento de Barcelona el alcalde socialista Jaume Collboni ya ha escogido como pareja de baile a ERC y Salvador Illa aspira a reeditar el tripartito, esta vez secesionista, con el apoyo de ERC y Comunes.
Illa puede aspirar a presidir la Generalitat porque ha asumido la política lingüística de ERC, y la apoya con entusiasmo, como se vio en el reciente despido de cuarenta trabajadores municipales por parte del alcalde socialista de Barcelona, Jaume Collboni, porque no tenían el certificado B1 de catalán. Entre los despedidos estaban su cocinero personal y un clarinetista de la banda de música. O la marginación del español en la cartelería y rotulación municipal en la capital catalana.
Además, Illa apoyó los presupuestos de la Generalitat de Pere Aragonès de 2023 y 2024, y pactó con las fuerzas separatistas el control de los medios de comunicación de la Generalitat (Corporació Catalana de Mitjans Audiovisuals y Consell de l’Audiovisual de Catalunya). Oriol Junqueras ha conseguido su sueño de «ensanchar la base» del independentismo comprando a los dirigentes del PSC. Basta saber si su electorado seguirá fielmente este giro separatista.
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