
La última petición de indulto para los golpistas del 1-O que ha hecho la Lliga demuestra que algunos sectores que hasta ahora habían combatido activamente al independentismo han iniciado la fase álgida de la campaña de ‘blanqueamiento’ de su imagen ante los ojos del secesionismo. Aunque digan lo contrario han renunciado a derrotar al separatismo y han decidido confundirse con el paisaje en Cataluña.
Este sector del constitucionalismo, que debido a sus errores ha perdido la representación del millón de catalanes que se manifestaron el 8 de octubre de 2017, quiere que el independentismo que gobierna Cataluña no les tache de «fachas» y de ahí que pidan indultos para los golpistas del 1 de octubre y/o hagan llamamientos a la «concordia» hacia aquellos que no tienen ningún interés en dejar de insultar cada día a España y a los españoles y que solo buscan romper nuestro país.
Es lo de siempre: los constitucionalistas «indultistas» se pasan a la equidistancia activa y a los constitucionalistas que critiquen su actitud les tacharan de «radicales». Así creen que ellos se «centran» porque hay «radicales» a su «derecha» y que así el separatismo les acabará tolerando y pasándoles la mano por el lomo. Craso error, para el independentismo siempre serán una panda de «fachas» y «carceleros». Les guste o no.
Los «indultistas» hablan de «generosidad» con aquellos que, si pudieran, pasado mañana convertirían a los millones de catalanes no separatistas en ciudadanos sin derechos. A ellos también.
Los «indultistas» y los «indultistas light» tienen todo el derecho a pensar como quieran, porque España es un país democrático en el que hay libertad de pensamiento. Pero que les quede claro que solo se representen a ellos mismos, que no vendan que son la «voz» de nada, porque el millón de personas que se manifestaron el 8 y el 29 de octubre de 2017 salieron a la calle a defender la legalidad democrática de España frente a los golpistas a los que ahora estos personajes quieren indultar.
El «indultismo» es legítimo, porque España es un país democrático, pero sus defensores han de saber que están traicionado la confianza de muchos catalanes que creyeron en ellos. Pedir «indultos» y «comprensión» no es una muestra de ni de «fortaleza» ni de «generosidad» frente al separatismo, es una rendición incondicional frente al totalitarismo secesionista.
Porque el independentismo no ha sido derrotado, sigue siendo hegemónico en las instituciones, en las escuelas, en las universidades, en los colegios profesionales y en los medios de comunicación catalanes y es más fuerte que nunca. De hecho, en las próximas elecciones autonómicas, y ojalá no fuera así, no veremos un hundimiento del voto separatista. No hay sondeo que no dé una ligera tendencia al alza en el número de escaños ocupados por partidos secesionistas.
Los que quieran participar en operaciones de «blanqueo» que no cuenten con nosotros. No queremos indultos, queremos que los que intentaron convertir a millones de catalanes no independentistas en ciudadanos de segunda carentes derechos paguen sus delitos. Y no se trata de «venganza», y se lo decimos a los teóricos constitucionalistas blanqueadores de los golpistas, se trata de justicia. Y de autodefensa, para que el «lo volveremos a hacer» del que se cada día se jactan desde los partidos que gobiernan Cataluña no ocurra nunca jamás.
Comentario editorial de elCatalán.es
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