Ya Hanna Arendt en su ensayo titulado “The crisis in education” había descrito con notable precisión como la educación se estaba deslizando hacia el buenismo.
Esto ocurre al negar la autoridad ya que la educación no puede renunciar a la autoridad ni a la tradición, y debido a que ya no se estructura gracias a la autoridad, ni se mantiene unido gracias a la tradición y a la lógica del sentido común, punto esencial de cualquier pensamiento filosófico.
Las frases redondas que se usan por parte del “proceso independentista” son significativas. Nosotros somos pacíficos, amantes de la libertad, de la paz, del voto, de la democracia, de la libertad, del derecho a decidir.
Todas ellas frases redondas y muchas de ellas negadas por la realidad del día a día, pues según ellos, somos un pueblo oprimido, que atacamos a un Estado fascista, tan fascista que permite que muchos vivan de las subvenciones por los impuestos que pagan esos opresores. En donde los “oprimidos” se pagan los salarios que les permiten seguir viviendo de la bicoca de su opresión, y viven un día sí y otro también aumentándose el salario a discreción.
El buenismo es toda una filosofía que los catalanes independentistas practican con libertad libérrima. Esto ocurre debido a que en Cataluña, por la confluencia entre los intereses del nacionalismo en la necesidad de generalizar la inmersión lingüística y convertir el catalán en la única lengua de la enseñanza y los devaneos del socialismo catalán de un izquierdismo de quedar bien con todos, hizo posible que el buenismo se hiciera una objetiva realidad.
Realidad en la que se está llegando a las cuotas más brillantes y señeras en libertad máxima de expresión al llenar de color amarillo los campos, las calles y las ciudades de Cataluña y además legisla que no es en absoluto la libertad que ‘otros’ decidan que el campo es de todos.
Si a los ‘otros’ se les ocurre dejar el campo en su estado natural y con sus colores naturales es nada menos que un acto delictivo que se paga hasta con 30.000 euros de multa. Esto lo dice nada más y nada menos que el presidente autonómico que es, por definición, el representante del Estado español en Cataluña pagado por todos los catalanes los amarillistas y los no amarillistas.
Eso es lo que se llama el buenísimo catalán que vendría a ser la expresión del refrán clásico, esencia del buenísimo más bueno del mundo. La filosofía de ‘Juan Palomo, yo me lo guiso y yo me lo como’ o aquel otro, de ‘ande yo caliente y ríase la gente’.
Da la impresión que los buenistas catalanes han hecho suyo aquel pensamiento de Russell en su obra “Religión y Ciencias: «El deseo de ser «bueno» generalmente se resuelve en el deseo de ser aprobado o, alternativamente, de actuar de manera de producir ciertas consecuencias generales que deseamos. (…) y si se trata de una sociedad corrompida, ¿nuestros deseos serán buenos cuando merezcan la aprobación de la inmoralidad?».

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