El próximo 3 de enero será una fecha señalada en el calendario perico: la visita de Joan García al RCDE Stadium. Lo que para muchos podría ser un reencuentro emotivo, se ha transformado en un día marcado por la indignación y el sentimiento de que nos tomó el pelo.
El guardameta, que era una de las promesas más queridas por nuestra afición, ha elegido un camino que ha roto el vínculo con el espanyolismo: fichar por el FC Barcelona. Esta decisión llegó a pesar de contar con ofertas de equipos importantes. Nuestra afición lo interpretó como lo que es: una elección donde su interés personal prevaleció sobre el cariño incondicional que se le profesaba.
El fichaje por el eterno rival no es solo un traspaso deportivo. Para el espanyolismo, implica formar parte del aparato de propaganda culé, el mismo que históricamente ha despreciado al club blanquiazul. Muchos recuerdan el apagón mediático que sufrió el Espanyol durante su paso por Segunda División.
Joan García intentó suavizar la situación con un vídeo de despedida que buscaba ser emotivo y agradecer a la afición. Sin embargo, para gran parte de los seguidores, este gesto no es más que un intento de lavar una imagen ya dañada por el fichaje. La sensación es clara: con su decisión, el guardameta ha despreciado a la afición que lo adoraba. Ahora, la esperanza de una parte del espanyolismo es que el portero fracase en su nueva etapa en el Barça.
Aunque este fracaso deportivo vendrá asegurado por un sueldo astronómico, el deseo es que la gloria deportiva que anhela no se materialice. La afición perica se siente engañada. Yo también. El 3 de enero el en RCDE Stadium le pitaré, porque me engañó. Con civismo, sin perder la compostura y sin lanzar ningún objeto, porque Joan no se merece ni que nos alteremos. Pero sí que expresaré todo lo que siento.
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