Desencuentros e incertidumbres ¿Hasta cuándo? Un análisis de Teresa Freixes

El gran drama que hemos vivido a lo largo de la democracia ha sido la incapacidad de los dos grandes partidos para alcanzar un acuerdo acerca de lo que nos podría cohesionar como Estado, es decir, la incapacidad de tener lo que se denomina visión de Estado.

Tristemente, en la actualidad, y ello es tanto más grave por cuando nos hallamos ante el mayor ataque que el sistema constitucional ha tenido desde su instauración, parece que el desacuerdo a dos se está transformando en desacuerdo a tres (o cuatro) debido a que la evolución del sistema de partidos tampoco ha favorecido el establecimiento de esa necesaria visión.

Así, estamos asistiendo a incomprensibles rifi-rafes, cesiones y no cesiones de diputados para formar grupos o subgrupos parlamentarios, posiciones varias en torno a problemas básicos que no conducen a fomentar que el constitucionalismo se fortalezca.

La democracia tiene sus servidumbres, ya lo sabemos, pero la ciudadanía aspira a poder entender lo que sus representantes negocian y/o acuerdan. Ello implica, también, una mejor comunicación entre representantes y representados. Y, también, que aquellos que somos la mayoría minoritaria (social y parlamentariamente hablando desde el lado catalán) nos podamos sentir representados y defendidos por el constitucionalismo en su conjunto.

Por ello, muchos, entre los que yo me incluyo, no acabamos de entender según qué acercamientos a partidos que son los responsables del desaguisado que ha tenido lugar en Cataluña, de la fractura social que crece y crece, de la fuga de empresas y de la inestabilidad política e inseguridad jurídica. O, en estos momentos, de lo que supone que los líderes políticos secesionistas y/o populistas tengan la osadía de no respetar a la máxima institución del Estado, considerando que su visita no es bienvenida precisamente por la actitud de defensa institucional que, como debe hacer la Corona respecto del orden constitucional, ha venido realizando el Rey Felipe VI.

No se extrañe nadie, pues, que cuando reclamamos, desde la sociedad civil, que el constitucionalismo dé respuestas plausibles y coherentes al ataque al orden constitucional que se continua perpetrando, no nos sintamos representados en según qué actitudes o acuerdos o pactos que, lejos de aunar, lo que están haciendo es propiciar divisiones absurdas en el arco constitucional.

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