
Recientemente tuve una conversación con un buen amigo que me justificaba porque RTVE debía gastarse 28 millones de euros en un programa de entretenimiento como ‘La Revuelta’ y hacer rico, con dinero público, a David Broncano. Mientras yo decía que me parecía exagerado un gasto que apenas tendrá retorno económico y que no es un servicio social él defendía que la televisión pública también ha de tener audiencia y que había que invertir dinero para ello, por el rendimiento social que da programas como el ya mencionado.
Es el mismo argumento que escucho – de otras voces – cuando a Catalunya Ràdio le dio por apostar por un programa de cotilleos presentado por una fan del ‘deporte’ de quemar contenedores: Juliana Canet. Esta radical separatista presenta un programa en la emisora de la Generalitat dedicada a la salsa rosa (‘Que no surti d’aquí).
Hace unos días Canet y su equipo metió la pata acusando a la mujer de Marc ter Stegen de ser infiel, lo que habría provocado el divorcio entre ambos. Tras un duro comunicado del portero azulgrana negando los hechos y acusando a los medios públicos de mentir se ha producido un gran lío dentro de la Corporación Catalana de Medios Audiovisuales, que es el ente público que gestiona los medios de la Generalitat.
Juliana Canet y los otros dos presentadores del programa han reconocido que se equivocaron y que sus fuentes tal vez no eran tan fiables como ellos pensaban. Pero el problema no es que metan la pata, sino por qué narices la radio pública ha de pagar a tres colaboradores para que hablen de cotilleos. Solo hay una respuesta que es la obsesión de los partidos separatistas por conseguir audiencia para los medios de la Generalitat, para conseguir que el catalán se extienda como lengua de uso social.
Para ese fin todo vale: hasta que se cree un programa rosa a la catalana y pagado con dinero público. La exageración de cualquier rumor es la norma en ese tipo de prensa y Juliana Canet no ha hecho más que seguir los cánones del género. El problema no es que ella haga este tipo de programa, el problema es que hay políticos que permiten que este tipo de cosas se emitan en los medios públicos.
El siguiente paso será hacer una versión de ‘La isla de las tentaciones’ en TV3, por supuesto en catalán, para que un ‘Montoya’ a la catalana, que según el casting que hará la cadena se llamará Puigdevall o Vilardell, corra dolorido sobre la arena de una playa por los cuernos a los que ha sido sometido mientras grita en catalán «mort al llop», «mort al llop»…
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