El escándalo que está causando en toda sociedad catalana él desastroso funcionamiento de Rodalies – el servicio de trenes de cercanías – está poniendo muy nervioso a los socialistas que utilizaban como gran argumento su teórica ‘capacidad de gestión’ frente a la agitación del proceso separatista.
A la hora de la verdad se ha visto que han sido incapaces de mejorar el funcionamiento de una infraestructura básica. Los socialistas mandan en la Generalitat y en el Gobierno de España y el servicio cada vez funciona peor. La oposición ha olido sangre después de meses de no poder poner en apuros a Salvador Illa y el PSC intenta desviar la atención acusando a Junts de los años de inacción cuando gobernaba la Generalitat.
El problema es que no cuela: en todos estos años quien ha gobernado España y, por lo tanto, ha sido responsable del Ministerio de Transportes – que es la administración titular de las infraestructuras ferroviarias – son los socialistas de Pedro Sánchez. En ese Gobierno también ha participado el PSC y es tan culpable como el PSOE. Illa debería aprender a reconocer los errores, propiciar alguna dimisión e intentar plantear un plan de actuación creíble y no echar balones fuera.
Es difícil echar la culpa a alguien cuando tu partido gobierna en tres de las cuatro diputaciones catalanas, en los principales ayuntamientos catalanes – incluido el de Barcelona -, la Generalitat y el Gobierno de España. Cada desastre que sufra la sociedad catalana será culpa del PSC, porque son ellos los que detentan el poder en casi todas partes. Lo mejor que pueden hacer es irse acostumbrando a ser modestos y depurar responsabilidades cuando toque y no culpar a los demás de su ineficacia.
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