De ilusión también se vive. Un análisis de Teresa Freixes sobre los “ofrecimientos” de reforma del Estatut o de la Constitución

Es muy “ilusionante” pensar que “estirando” el Estatut y la Constitución resolveremos el problema. Desde luego, puede parecer más fácil que ir al fondo del asunto, es decir, a cómo educamos a nuestros hijos y nietos y a cómo informamos a la ciudadanía, factores que constituyen la verdadera “clave” del por qué hemos llegado hasta aquí (si obviamos el papel de las fuerzas políticas al respecto y nos fijamos únicamente en la reacción ciudadana).
Pero de esta ilusión se puede vivir sólo durante cierto tiempo. El que queda hasta que se comprueba el “bluf” que tales propuestas conllevan.

Reformar el Estatut de Autonomía de 2006 implica tener los 2/3 del Parlament de Cataluña, conseguir después, si se alcanzan, la mayoría absoluta del Congreso de los Diputados para que lo acordado en tal Parlament sea aprobado por Ley Orgánica y que la mayoría de los votos que se emitan, en el referéndum, vinculante por cierto, que se tendría que hacer en Cataluña sea favorable al contenido de la reforma.

Y no vale saltarse los procedimientos adecuados, para intentar reformar el Estatut mediante diversas leyes orgánicas (además de que ello sería radicalmente anticonstitucional y antiestatutario, también requeriría la mayoría absoluta en el Congreso de los Diputados). Largo me lo fiáis…

Más largo me lo fían si se trata de que sea una reforma constitucional la que aborde “las aspiraciones nacionales de Cataluña”. Además de que nos van a tener que explicar dos cosas, primero qué entienden por Cataluña y, después, por aspiraciones nacionales, hay que ser conscientes de qué implica una reforma constitucional y de que el federalismo, por su propia naturaleza, no puede implicar que los estatutos tengan un nivel jerárquico superior a las normas comunes a las comunidades autónomas, salvo que se quiera reformar, retorciendo el concepto federal, la propia Constitución.

Pero, en el caso de reforma constitucional, es necesario tener en cuenta que :

1.- Si no se entra en el Título preliminar (difícil cuando se trata de introducir “aspiraciones nacionales” de o que en la Constitución el sujeto político no es la nación española) se precisa el acuerdo de los 3/5 del Congreso y del Senado (puede llegarse a formar una Comisión Mixta de desbloqueo si no hay acuerdo entre ambas y si tampoco se consigue, bastaría con los 2/3 del Congreso). Y una vez obtenido el acuerdo, si una décima parte de diputados o senadores lo pide, un referéndum, vinculante también, en España. Con “ánimo” y cierta prisa, posiciones políticas aparte, no lo veo antes de un par de años.

2.- Si se modifica el Título preliminar, los votos afirmativos de los 2/3 del Congreso y del Senado implicarán la disolución automática de las Cortes y la realización de elecciones generales. Las nuevas Cortes deberán entrar a discutir otra vez la reforma y aprobarla de nuevo por 2/3 en cada Cámara. Seguidamente, es obligatorio un referéndum nacional, asimismo vinculante. Todo este proceso nos sitúa a 4 años vista como mínimo, porque no parece que puedan obtenerse 2/3 de acuerdo con la composición actual de las cámaras y que la disolución de las mismas al agotarse la legislatura comporte un texto que pueda pasar a las nuevas Cortes.

Y todo ello sin entrar a reflexionar sobre cómo reaccionaría el secesionismo ante tales ofertas…

¿Podrían, señores (y señoras) políticos, dejar de marear la perdiz y dejar de confundir a la ciudadanía?


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