La pasada semana fue delicada en lo sentimental. Acabó sucediendo algo que estaba previsto, que teníamos claro que iba a pasar, pero llegado el momento duele.
Un infarto a finales de septiembre, con las complicaciones propias de un paciente casi octogenario y con pasado convulso de afecciones pulmonares, derivó en el fatídico desenlace que todos suponéis, tras largos meses en la UCI.
Mi sentido pésame a la familia, entre la que me incluyo.
En estos momentos en que la muerte hace acto de presencia en tu día a día, aunque haya sido tras una digestión larga como era el caso, te lleva a plantear tu modo de vida de una forma más proclive al disfrute, poniendo en valor lo que supone estar sano y lo conveniente de disfrutar de un tiempo del que no sabes cuál será su recorrido.
Pero hay cosas que no cambian. Nimiedades que, aun siéndolo, se someten al criterio de la obsesión y los complejos latentes, como entenderéis tras acabar de leer mi columna.
Sometimiento a los dictámenes de los amos que, tras la peripecia vivida en el tanatorio elegido de la ciudad de Barcelona, demuestran que los tentáculos de la miseria alcanzan todas las esferas de la vida… y de la muerte.
El abuelo se fue con su música ceremonial acorde a la oferta catalogada. Con la decencia que supone un momento como ese y la elección de su viuda e hijos.
Pero si algo me dolió a mi especialmente fue que, al elegir los tres momentos musicales en vivo durante la misa, se podía haber optado por incluir el himno dels segadors, el himno de Riego republicano o la Internacional, pero el himno constitucional de nuestro país estaba descatalogado o, sencillamente, abducido por esos complejos que nos inundan y nos oprimen.
Tras la experiencia ya tengo avisados a los míos. Por casa hay varios pendrives con la versión floreada del himno nacional de España o, en caso de emergencia, me vale dicha sintonía desde un móvil. La música en vivo se la pueden ahorrar.
Entrar y salir con mi himno, incluyendo en medio de la ceremonia la sintonía de “Always on my mind” (siempre en mi pensamiento) de los Pet Shop Boys, saben que es un acierto seguro.
Pero, por favor, hay que ser previsor pero también compete decir que no hay ninguna prisa, que yo quiero seguir dando la murga mucho más tiempo.
Javier Megino
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