Pienso que no. Aunque incluso desde ambientes cercanos a sus propias filas no para de repetirse que fue un error. El error es para mí que el resto de presidentes del PP no hicieran lo mismo y aceptaran el trágala de los pinganillos en un foro de ámbito nacional. Comparto la afirmación de Ayuso de que “el pinganillo es un esperpento para hacernos sentir extranjeros en nuestro propio país”. Pero, pienso que también lo es el hecho de que el PP en el Senado, donde tiene mayoría absoluta, acepte también, acrítica y plácidamente, el uso de los pinganillos.
Aunque sea brevemente, pues en el fondo de este tema hay mucha tela que cortar, lo cierto es que toda esta comedia del uso de los pinganillos (entre españoles) viene por la consideración que los separatistas e izquierdistas asimilados al nacionalismo tienen -en Cataluña, Vascongadas, Galicia y otras autonomías en busca de algo que vender en el lucrativo mercado de las identidades nacionales-, llaman “lengua propia”.
Establecido así en sus respectivos estatutos de autonomía, tanto en el caso de Cataluña, Vascongadas y Galicia. Por su parte, la Constitución Española, en su Art.3 se dice: “El castellano es la lengua española oficial del Estado. Todos los españoles tienen el deber de conocerla y el derecho a usarla.” Y se reconoce que las demás lenguas españolas (como el catalán, el gallego y el euskera) también son oficiales en las respectivas Comunidades Autónomas.
La “lengua propia” a la que se refieren no es la lengua materna o la que mayoritariamente hablan los ciudadanos habitualmente en esas comunidades, sino a la que ellos consideran apropiada para avanzar en lo que denominan como “construcción nacional”. Desde hace años, a nadie se le oculta el propósito político que hay detrás del intento sistemático de exclusión del castellano.
Pero lo cierto es que, a pesar de la inmersión lingüística en catalán en las escuelas de Cataluña (impuesta por la Generalitat hace más de 33 años), y de las constantes imposiciones lingüísticas, de toto tipo, desde las diversas administraciones públicas de Cataluña (llevadas a cabo desde los años 80), donde son vulnerados sistemáticamente los derechos lingüísticos de los castellanoparlantes y se intenta llevar a cabo una auténtica limpieza lingüística; según la última encuesta de usos lingüísticos elaborada por la Generalitat en 2023, las personas que tienen en Cataluña el español o castellano como lengua habitual es del 46,5%, mientras que los que tienen el catalán es del 32,6% ; mientras los ciudadanos que tienen al mismo tiempo el catalán y el castellano como idiomas habituales es del 9,4%.
Porcentajes similares se dan en Vascongadas. En Galicia, donde a pesar de existir actualmente un cierto equilibrio en los porcentajes de uso, el español se está imponiendo sobre todo entre los jóvenes y en las grandes ciudades. Esa es la realidad, señores nacionalistas y asimilados, partidarios de los pinganillos. Pero, lo cierto es que el idioma español, aunque se hable mayoritariamente en Cataluña o en Vascongadas, queda en el mejor de los casos reducido al papel de «lengua impropia». O, por decirlo como muchos separatistas la perciben en realidad, como la odiosa «lengua invasora» que hay que intentar erradicar.
Siempre he defendido que en una sociedad democrática y en un Estado de Derecho son los ciudadanos los portadores de derechos y deberes y no los territorios. Hay que defender el bilingüismo como valor positivo y garantía democrática de convivencia, defendiendo el derecho individual a la libertad de lenguas. A una sociedad bilingüe corresponden unas instituciones bilingües. Por lo tanto no existe justificación para discriminarlos o sancionarlos en función de su lengua, considerando unas lenguas como propias y otras como impropias, situando en la práctica, a más de la mitad de la población, como ciudadanos de segunda, o como extranjeros en su propio país.
Pero, en Cataluña, desde hace décadas, se vulnera el derecho de los ciudadanos a ser educados en lengua castellana, y se incumplen las reiteradas sentencias judiciales que obligan a impartir, al menos, un 25% de las asignaturas en las lenguas vehiculares. O se ponen multas lingüísticas a comercios por no rotular en catalán. Por no hablar del incumplimiento generalizado de la conocida como Ley de Banderas, el 83% de los ayuntamientos catalanes la incumplen (Ley 39/1981) sin que pase absolutamente nada, lo mismo ocurre en los municipios vascos.
En Cataluña, separatistas e izquierdistas han tomado la educación como un ámbito de su exclusiva propiedad en el que tienen derecho a hacer lo que les viene en gana. Y así, en el camino de su “construcció nacional” no cesan desde hace décadas en aplicar el adoctrinamiento escolar y las imposiciones lingüísticas. Pero todos estos “talibanes” tienen la cara dura, de salir ahora clamando duramente contra Ayuso por su desplante por el tema de los pinganillos.
Carod-Rovira, presidente de ERC y vicepresidente de la Generalitat, en el año 2004 cuando se reunió con dirigentes de ETA en Perpiñán, para pedirles siniestramente que no mataran en Cataluña. Resulta que ninguno de ellos utilizó un pinganillo, pues hablaron entre ellos en un perfecto castellano, Lo mismo ocurre cuando los separatisras catalanes participan en actos o mítines de los separatistas vascos o viceversa. Yo en esto estoy con Ayuso, ¿y usted?
Salvador Caamaño Morado (presidente de la Coordinadora de la Resistencia Cívica de Tarragona)
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