Chocolate belga para Soto del Real

Me niego a pensar que una persona y sus compadres pretorianos, que han sido capaces de hundir la economía y la convivencia social en Cataluña, puedan llegar a ser tan ridículos y patéticos que no tengan la valentía de afrontar la realidad y continúen con la fórmula desgastada del injustificado victimismo que tanto rédito les ha proporcionado durante el proceso… y que tanto les gusta.

A esa panda de inútiles engrandecidos por las mentiras y manipulaciones que ha fomentado el sistema adoctrinador fascista del separatismo, ya no se los cree nadie. Quizás por eso casi mejor no hablar, hacer al paripé del video pregrabado, escapar aprovechando la niebla del Onyar, camuflarse como Manneken Pis o, como ha tocado hoy, avanzarnos un gobierno en el exilio que, sinceramente, da mucha pena y a la mayoría de catalanes nos avergüenza.

Pero conviene matizar que no todos los impresentables que nos han llevado a un momento de la historia para olvidar realmente los tenemos ahora en Bélgica. Muy cerca siguen pululando a sus anchas grandes incitadores del odio y la fractura social. No conviene perder de vista la globalidad del mal poniendo solo foco en los que les ha dado por viajar en busca de chocolate. La sabiduría popular es consciente del verdadero peligro de los que no han quemado neumático en el momento de la desbandada.

A pesar de todo, tanto los que se han ido como los que se han quedado es muy comprensible que anden preocupados por cómo van a fluir los acontecimientos y las consecuencias de su osadía sediciosa. Los que hemos vivido todas las fases de esta deriva estaríamos encantados de que compartiesen el mismo devenir en el medio plazo. Ya veremos. Sería oportuno que los costes fuesen proporcionales a los actos y que todos ellos paguen con sus cargos, sus patrimonios y su tiempo todo el mal generado. Me congratula pensar en los merecidos 30 años implícitos a actos de rebeldía y sedición recogidos en nuestro ordenamiento. No queda más remedio que mantener la esperanza en la Justicia, lenta pero implacable.

Aunque solo sea por gallardía, el equipo a la fuga tiene una última oportunidad para quedar como personas sensatas. Pueden retornar de su excursión reconociendo todo el mal ocasionado y argumentar (les doy ideas) que su escapada ha sido para contactar con algún proveedor de cacao que les brinde un chocolate de calidad que perfeccione una tradición familiar que, esperemos, sí pueda atesorar el líder de los clowns escapados.

La experiencia previa que en su juventud haya acumulado el pueblerino, junto a sus ayudantes de cocina, seguro que será provechosa a la hora de preparar deliciosos pasteles en Soto del Real. Los amigos y compañeros que les griten los Vivas a España o enseñen el miembro viril, junto a los fanáticos que aún les estarán esperando con sus barbas a remojar, sabrán apreciar la valía repostera del que ha hundido Cataluña y todo su equipo de rufianes y mentirosos.

Volved a casa, cumplid vuestro castigo y que el chocolate, durante décadas, lo lleguéis a aborrecer.

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