Los partidos y entidades secesionistas han llenado en los últimos meses de color amarillo toda Cataluña: las playas, las escuelas, las calles, las plazas, los parques infantiles, los jardines, los edificios públicos, las fiestas populares, las carreteras y todo lo que haga falta, hasta las prisiones.
Como los secesionistas desprecian e ignoran a los que no piensan como ellos, si pudieran negarían los derechos básicos de ciudadanía, cómo se demostró en los plenos de la vergüenza del 6 y el 7 de septiembre del Parlament de Catalunya. Violaron los derechos de la oposición y violaron nuestras leyes democráticas.
El llenar de amarillo el espacio público, aunque parezca que están de retirada, es apoderarse de la visibilidad del paisaje, demostrar que Cataluña son solo ellos, que todo lo que no controlan, no existe.
Hemos de seguir denunciando los excesos de las autoridades secesionistas y mostrar en público la disconformidad con estos abusos, para que quede claro que Cataluña no es secesionista, que hay una mayoría que defiende la buena convivencia con el resto de españoles y el respeto a nuestro sistema constitucional.
Comentario editorial de elCatalán.es
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