El Gobierno de Pedro Sánchez ha vuelto a exhibir su fragilidad en un Consejo de Ministros extraordinario marcado por el espectáculo y la desunión. Lo que debía ser una reunión para aprobar medidas urgentes frente a la crisis económica derivada de la guerra de Irán se convirtió en un auténtico ‘vodevil’ político. Los ministros de Sumar, en un plante sin precedentes, se negaron a entrar en la sala durante más de dos horas, paralizando la acción del Estado para imponer su agenda ideológica.
La desconfianza entre los socios de coalición es ya un hecho crónico que lastra la gobernabilidad de España. Mientras el PSOE intentaba centrar el decreto en rebajas fiscales, como la reducción del IVA de los combustibles y la luz al 10%, la facción de Sumar exigía medidas intervencionistas en el mercado de la vivienda. El resultado es un parche jurídico: la división del paquete de ayudas en dos decretos distintos para evitar la ruptura total del Ejecutivo.
Esta falta de cohesión interna es una muestra más de la debilidad de un presidente que prefiere ceder ante el ‘secesionista’ o el radical antes que ejercer un liderazgo firme. La vicepresidenta Yolanda Díaz ha forzado la inclusión de una prórroga forzosa de los contratos de alquiler, una medida que el propio Fondo Monetario Internacional ha desaconsejado por sus efectos nocivos en la oferta de vivienda. Una vez más, la ideología de Sumar se impone al rigor económico en la mesa de Moncloa.
El coste de este «escudo social» publicitado por Sánchez asciende a 5.000 millones de euros, una cifra astronómica que sale directamente del bolsillo de los contribuyentes. Resulta paradójico que el Gobierno presuma de bajar impuestos tras haber asfixiado a las familias durante meses. Es, en realidad, una maniobra de distracción para ocultar que la mitad de su gabinete está amotinada contra la otra mitad, tal como denunciaron desde la oposición.
España no puede permitirse un Gobierno que negocia «a cabezazos» mientras el precio de la vida sigue disparado. La imagen de unos ministros esperando en los pasillos mientras se mercadea con decretos ley es la definición perfecta de la legislatura de la supervivencia. Sánchez ha salvado los muebles un viernes más, pero a costa de hipotecar la estabilidad económica y la seriedad de las instituciones españolas.
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