Una de las iglesias de la localidad gerundense de Caldes de Malavella tiene en su campanario un gran lazo amarillo, que sin duda alguna sustituye a Cristo como referencia indiscutible del sacerdote de esta parroquia, que ha mutado el culto a la Santísima Trinidad por el de la ‘Republiqueta’ catalana.
Paris Grau, de Valents, ha denunciado este hecho en las redes sociales. Por desgracia no es el único. Parroquias como la mencionada, o la de Sant Medir, en Barcelona (es la foto que encabeza esta información), hay unas cuántas alrededor de toda Cataluña. Templos religiosos dedicados a la adoración de una ideología política excluyente, el nacionalismo, que lucen pancartas de «libertad presos políticos», lazos amarillos y pancartas de entidades separatistas, como la ANC o Òmnium Cultural. Obispados como el de Solsona que predican la ‘buena nueva’ del secesionismo, sea quién sea el titular de la diócesis.
Esta identificación desde hace décadas de un sector importante de la Iglesia católica catalana con el nacionalismo y el separatismo ha conseguido despoblar buena parte de los templos y los seminarios de vocaciones, convirtiendo a Cataluña en una de las comunidades autónomas con peores índices.
Aunque la secularización de la sociedad española es un factor muy importante en la reducción de las vocaciones y del número de fieles, los peores índices que acumula una región tradicionalmente católica como Cataluña indica que el nacionalismo está pudriendo a la Iglesia catalana, debido a que parte de sus sacerdotes y obispos han puesto sus templos y parroquias al servicio de una ideología disolvente.
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