¿Boicot a la bodega de Lluís Llach?

Desde la asociación Somatemps se inició, más que un boicot, una campaña de información sobre los negocios vinícolas de Lluís Llach. El motivo fue la “rutilante” amenaza del diputado regional de Junts pel Sí, que amenazaba a los funcionarios que no siguieran el juego sedicioso del Govern. Ante la impunidad ante ciertas afirmaciones suyas que denotan unos tics autoritarios que tenía bien escondidos era momento de hacer una reflexión pública. El supremacismo nacionalista actúa tan fuera de la realidad que es incapaz de darse cuenta del desastre que puede suponer una fractura social ya real.

Boicotear los productos catalanes es un absurdo, pues sería boicotear los intereses de todos los españoles. Dar un toque de atención en forma de boicot a ciertas empresas o personas, es una aviso de que la fractura de Cataluña nos va afectar a todos.

Lluís Llach posee un nada despreciable patrimonio: cobra los españoles más de 50.000 euros al año por su cargo de diputado autonómico, tiene un patrimonio de más de 1,5 millones de euros, 7 propiedades entre locales y pisos y 11 metros de eslora de velero. Pero su gran tesoro es la bodega Vall Llach, por cierto anunciada en internet en castellano. De ella salen varias marcas de vinos como Porrera, Aigua de Llum o Embruix.

Cuando la “calidad” democrática de Cataluña está bajando a niveles inimaginables (y así nos los dicen los índices europeos), emerge otra forma de democracia. Cuando contemplamos que el Parlamento autonómico catalán está manteniendo un golpe de estado jurídico permanente, ¿qué derechos nos quedan a los catalanes? Pocos, ciertamente. Pero al menos, nos quedará el irrenunciable derecho a comprar lo que queramos.

Este es el objetivo de la campaña, llamémosle boicot, que propone Somatemps. No es tanto un llamamiento a calentar un ambiente ya de por sí enrarecido, sino que se trata visibilizar una Cataluña silenciada. Una Cataluña que lanza un aviso a sus representantes autonómicos como Lluís Llach para decir que el camino y la actitud del nacionalismo radical nos llevará a que todos perdamos.

Ante los desvaríos de las castas políticas, la historia nos enseña que rara vez hay vencedores y vencidos, pues toda la sociedad queda marcada con heridas y cicatrices que pueden durar varias generaciones. El nacionalismo se ha puesto a jugar con fuego y todos nos quemaremos. Es inevitable que ello pase cuando les das cajas de cerillas a políticos con mentalidades infantiles y arranques totalitarios.

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