Boadella: “Catalunya tuvo una desgracia histórica, y fue caer en manos de Pujol”

Albert Boadella fue uno de los treinta catalanes entrevistados en el libro “Me gusta Catalunya, me gusta España”. Aunque la obra es de finales del 2014, por su claridad y por ser alimento para el espíritu de los catalanes que luchan por la buena convivencia con sus compatriotas del resto de España, la reproducimos íntegra en tres días consecutivos. Si desean adquirir el libro, lo pueden hacer aquí.

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¿Ha dejado el nacionalismo en Catalunya alguna esfera sin ocupar?

Creo que no. Unas más que otras, pero las ha ocupado todas. ¿El deporte? Totalmente. ¿La religión? Totalmente, aunque hay disidencias. Hay arzobispos y obispos que están en contra de todo esto, pero las bases del catolicismo están ocupadas. En el mundo de la empresa, también. ¿La banca? Catalunya no tiene bancos, tiene La Caixa, la cual hemos visto que ha hecho sus movimientos para cuidarse y tener la posibilidad de instalar la sede en Madrid. Y las cajas se han ido todas al garete. La esfera cultural está contaminada al máximo. Mi profesión, el mundo del teatro, está ocupado al 99 %.

¿No es posible trabajar en el mundo cultural si no eres de ‘la cuerda’?

No, el mundo cultural está en la fiesta general y eso le da acceso a los medios de comunicación y naturalmente a la sopa boba. El mundo cultural necesita siempre cierta difusión mediática, y si se enfrenta al régimen lo tiene mal desde el punto de vista de acceso a los medios y a las subvenciones. Tampoco creo que todo sea delirio patriótico. Para ser más exactos es un delirio de patriotismo muy interesado. En cualquier caso, no hay un núcleo cultural importante que se enfrente al nacionalismo.

De la misma manera que los nacionalistas dominan los medios de comunicación catalanes y el reparto de subvenciones en Catalunya, tampoco desde el resto de España ha habido una reacción clara para dar medios económicos y mediáticos para crear ese núcleo cultural no nacionalista.

Totalmente de acuerdo. Me pregunto porque la Compañía Nacional de Teatro Clásico no pasa la mitad del tiempo en Barcelona, por poner un ejemplo. Porque TVE, que tiene unos magníficos estudios en Sant Cugat y una posibilidad de desconexión importante, no ha sido aprovechada desde el Estado, no para hacer propaganda antinacionalista, sino simplemente para contar la verdad de las cosas y que apareciera ante el espectador gente que piensa distinto. Cosas diferentes de las que habitualmente se cuentan en los otros medios totalmente contaminados por el régimen nacionalista. Es cierto que al resto de los españoles le ha costado mucho reaccionar, y lo digo porque, para bien o para mal, he ido pregonando siempre la catástrofe que se estaba generando en Catalunya. Durante una época pasaba por ser un simple ‘cachondo’ sobre las tonterías de Pujol, yo era considerado un hombre que se enfrentaba al nacionalismo quizás por antipatías personales. Es curioso porque entonces no me encontraba solo con la indiferencia, sino muchas veces con la defensa de lo que estaba sucediendo en Catalunya. Era el victimismo que había calado muy fondo. Había triunfado.

El mito que en Catalunya “no pasa nada”…

Mucha gente en Madrid me dice “estuve el mes pasado en Barcelona y no me pasó nada por la calle”, como si fuera la Yugoslavia de la época de la Guerra de los Balcanes. No obstante, yo siempre les contesto, “la próxima vez que vayas, si quieres, para comprobar este derrame de libertad te paseas conmigo media hora por Barcelona. Por barrios como Gràcia, por ejemplo. Fácilmente, en estos treinta minutos, sin que medie palabra por mi parte, escucharás un ‘traidor’, un ‘facha’ o un ‘fascista’ dirigido a mi persona”. No hay que engañarse con esa aparente ‘normalidad’. Si miras todo lo que está pasando con cierta distancia, si no estás metido en la ‘cosa’, parece algo descerebrado, como si se hubieran vuelto locos. Es de un ridículo desternillador, en todos los sentidos, incluso mirando al futuro. ¿Qué quiere esta gente? ¿Largarse del euro? ¿Aranceles? ¿Qué cuando vayan a Londres de las dos colas que hay en los aeropuertos quieran pasar junto a los del Senegal? El problema es que en el resto de España no han sido conscientes de lo que aquí se tramaba. Y cuando se lo han encontrado con toda su dimensión no saben cómo enfrentarse a ello, y lo más fácil es pensar “se han vuelto locos”. Tan locos como queramos pero locos peligrosos que destrozarán un Estado y a ellos mismos como hacen los locos.

¿La prohibición de las corridas de toros en Catalunya fue un acto de hipocresía por parte de los nacionalistas?

Desde siempre identificaron los toros como algo muy español, con ignorancia y mala fe. Con ignorancia porque los toros son tan catalanes como andaluces o valencianos. Con mala fe porque el universo del toro es mediterráneo, y su afirmación que no tiene nada que ver con Catalunya es una falacia inmensa. En los años cincuenta Barcelona era la plaza más importante del mundo, era la que pagaba los cachés más altos a los toreros. El primer millón de pesetas lo ganó en Barcelona el torero Carlos Arruza. Balañá fichaba diestros a golpe de talonario como ahora lo hace el Barça. Es cierto que tienen parte de razón sobre el carácter español de la tauromaquia, porque para cualquier extranjero uno de los símbolos de España son los toros, junto al flamenco y el sol. La mentira viene de considerar los toros como algo ajeno a Catalunya puesto que esta visión de España que tienen los extranjeros también incluye Catalunya. Es lógico porque Catalunya es España. Pero los nacionalistas se lanzan sobre los toros para ganar una batalla a España. Es la primera batalla que creen ganar a los españoles, sus efectivos militares son esos. Siempre de lado. Nunca de frente. La gallardía no es lo propio de este territorio. Buscando siempre la trampa. Y la falacia del tema de los toros la demuestran con un hecho burdo, casi ‘cutre’ desde un punto de vista legal, que es blindar los ‘correbous’. Es lo máximo del cinismo, por lo menos hubieran podido disimular y liquidarlo todo. Finalmente, lo menos bello que son los ‘correbous’, algunos de los cuales representan un trato vejatorio con el animal, van y lo blindan. La excusa de que los españoles son unos salvajes que permiten estas corridas y nosotros somos unos humanistas consumados que no aceptamos la tortura animal se va al traste con el blindaje de los ‘correbous’. Pero tienen la desfachatez de llevarlo a término, porque como allí en el sur de Catalunya hay una gran afición al tema, o sea unos votos, no los quieren perder. Son así de impostores.

Los nacionalistas a menudo han contrapuesto la España ‘salvaje’ de los toros, con la Catalunya ‘intergeneracional’ y ‘solidaria’ de los ‘castellers’, y han promovido desde sus medios de comunicación una eclosión del mundo ‘casteller’. ¿Cree que quieren diferenciarse de lo que consideran una España ‘atrasada’?

Ha sido una constante desde la irrupción del nacionalismo a finales del siglo XIX. En aquel momento hay unos argumentos que pueden parecer más cercanos a la realidad, aunque tampoco son del todo ciertos. La Catalunya de esa época estaba industrializada, frente al resto de una España con territorios de una dejadez total, como por ejemplo Las Hurdes. Es una visión muy fácil de vender en aquel momento y que puede corresponder, en algunos aspectos, con cierta realidad de una región más evolucionada económicamente, como pasa en otros países entre norte y sur, ya sea Italia o Francia. Esta idea, que comenzó a generarse en aquel momento, se ha seguido vendiendo hasta ahora. Pero el problema es que ahora no corresponde en absoluto con la realidad. Almería por ejemplo, con sus invernaderos, es un lugar de gran riqueza. Mayor riqueza que el campo catalán. La España que ellos pintan, ‘cutre’, casposa, sucia, de una pobreza brutal, ya no existe. España es hoy un país moderno, con sus AVE, con sus estructuras sociales, económicas, científicas muy evolucionadas y si te paseas por Segovia no hay ninguna diferencia con Gerona. La única diferencia es que Gerona es territorio comanche del nacionalismo y Segovia o Toledo son más agradables porque no se creen superiores a nadie.

¿Han ganado los nacionalistas la batalla del lenguaje?

Es que la lengua ha sido el efectivo militar. A falta de una religión distinta, que hubiera sido lo que hubieran deseado, pero de consecuencias trágicas, han establecido la lengua como el gran hecho diferencial. Y estoy totalmente en desacuerdo, la lengua es un vehículo de entendimiento, y no puede ser un hecho diferencial. Un hecho diferencial sería si en vez de hablar, silbáramos. Además, usar el catalán como hecho diferencial respecto al español es absurdo porque es la ‘koiné’, la lengua común que apareció porque existían en España territorios con distintas lenguas y era natural buscar algo en que entendernos todos. A los nacionalistas la lengua les ha servido más que para entendernos para separarnos. Ha sido un elemento político que se ha manipulado de forma burda. Si viviera treinta años más creo que no conocería la lengua que hablan mis conciudadanos. Han hecho todo lo posible para separarse del español, y se han dedicado a que las palabras que se parecían más fueran cambiadas por otras que nada tuvieran que ver con la lengua ‘enemiga’. Hablar de hechos diferenciales en la Europa actual, en pleno siglo XXI, es de un cinismo y de una tendencia xenofóbica vergonzosa. ¿Qué diferencia hay entre un ciudadano de Gerona, Lleida o Barcelona con uno de Zaragoza, Zamora, París o Londres? ¿Qué diferencia importante hay como para hablar de hecho diferencial? Entiendo que si el ciudadano fuera de Arabia Saudí podríamos decir que hay ciertas diferencias culturales, pero dentro de la civilización cristiana no existen hoy diferencias relevantes. Mucho menos en España que no se puede hablar de culturas distintas. Como máximo de folklore distinto. Cuatro platos de cocina, unos harán equilibrios con un bastón y otros harán castillos humanos y poco más. O sea, nada. Es la escenificación del ridículo en el que puede caer el nacionalismo y el nacionalismo catalán en especial. ¿Qué les gustaría ser distintos? Claro que sí. ¿Qué creen ser distintos? Si realmente se lo creen son muy burros.

El nacionalismo pujolista siempre ha presumido de ser ‘integrador’. ¿Lo es?

Catalunya tuvo una desgracia histórica, y fue caer en manos de Pujol. Porque cualquier otra personalidad hubiera estado en un camino de más amplitud de miras y sobretodo de menos resentimiento. Pujol es un hombre resentido de por sí. Un resentimiento hacia lo que significa España, con un mesianismo casi demente pero es una persona astuta capaz de engañar sobre sus auténticas finalidades, como hemos visto hasta ahora. Finalmente se ha quitado la máscara. Engaña con sus principios, hablando de integración, y lo hace tan bien que a mediados de los ochenta el diario ABC lo nombra ‘Español del año’. Y van diciendo por España que es un hombre de Estado, que es una de las cosas más aberrantes que he escuchado. Como puede ser un hombre de Estado  alguien que precisamente su intención era destruirlo. Pujol ha sabido engañar a todos los ciudadanos españoles, incluidos los catalanes, porque su objetivo desde el primer día era el que estamos viendo ahora. Lo que ahora sucede es su herencia.

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