La maquinaria del odio independentista ha encontrado una nueva diana: Eduardo Mendoza. El insigne escritor cometió el «pecado» de reclamar que el día de Sant Jordi vuelva a ser una fiesta del libro y la cultura, alejada de la asfixiante politización actual. Para el autor, la efeméride debería honrar a figuras como Cervantes o Shakespeare en lugar de servir como altavoz partidista.
Mendoza, con su habitual ironía, cuestionó la supremacía de la Diada de Sant Jordi política y lanzó un dardo al mito de Sant Jordi, calificándolo de «maltratador de animales». Estas palabras han bastado para que el separatismo más radical active sus redes de linchamiento. La libertad de opinión vuelve a ser perseguida en una Cataluña que el nacionalismo pretende monocromática.
Políticos, activistas y terminales mediáticas del soberanismo se han lanzado en tromba contra el autor de La ciudad de los prodigios y ya han aparecido en las redes separatistas invitaciones a quemar los libros de Mendoza. No le perdonan su éxito ni, mucho menos, su independencia intelectual. Para la casta política de la Generalitat, escribir en castellano desde Barcelona es una anomalía que debe ser castigada con el ostracismo o el insulto. Mendoza ha pasado de ser un referente literario a un «escritor maldito» para quienes gestionan las subvenciones y el carné de pureza nacional. La intolerancia se ha disfrazado, una vez más, de defensa de la esencia patria.

La catarata de descalificaciones no se ha limitado a los perfiles más extremistas de las redes sociales. Voces del entorno institucional se han sumado a la demonización de un hombre que solo pedía civismo. El nacionalismo no acepta la discrepancia, especialmente cuando viene de mentes brillantes que no pueden ser controladas por el presupuesto público. Las juventudes de Junts, la JNC, han exigido que se le retire la Creu de Sant Jordi que le concedió la Generalitat, a lo que se ha negado el Govern de Salvador Illa.
El acoso ha dado un paso más allá de la crítica literaria o política para rozar la intimidación personal. En diversos foros separatistas ya circulan mensajes detallando los horarios y lugares exactos donde Mendoza firmará ejemplares el próximo 23 de abril. Es un señalamiento público que busca amedrentar al autor antes de que pise la calle.
Este tipo de listas y avisos latentes son propios de regímenes que desprecian la libertad individual en favor del pensamiento único. El mensaje es claro: si no te pliegas a la causa, serás señalado en la plaza pública. El autor de Sin noticias de Gurb experimenta hoy en sus carnes la hostilidad de una sociedad que algunos se empeñan en llamar «oasis».
El próximo Sant Jordi, las calles de Barcelona serán el escenario de una batalla entre la cultura libre y el dogmatismo excluyente. Eduardo Mendoza estará allí, pluma en mano, representando a esa Cataluña real que se niega a ser silenciada por la jauría. El éxito de sus firmas será la mejor respuesta a quienes pretenden convertir los libros en herramientas de división.
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