
No lo repetiremos nunca lo suficiente, la lucha contra el veneno del nacionalismo supremacista que destruye la convivencia en la autonomía catalana se realiza tanto desde dentro como desde fuera. En este sentido, el candidato derrotado en el Ayuntamiento de Barcelona, Manuel Valls, tenía razón.
Pese a no haber sido elegido Alcalde, ha cumplido con su compromiso. ¡No perder Barcelona ante los movimientos separatistas! Perder la ciudad de Gaudí hubiera sido catastrófico en términos de imagen. Al apoyar a la Alcaldesa saliente en contra de su rival, candidato del infame ERC, el cunero francés ha permitido cuatro años de respiro. Durante el cual será necesario trabajar muy duro para contrarrestar y derrotar la vehemencia secesionista.
En la escena internacional, todavía estamos pagando el precio por las tristes imágenes del 1 de octubre de 2017. El mundo entero vio cómo «familias desarmadas» recibían porrazos por el simple hecho de ir a votar. ¡Por parte de una policía que para muchos, todavía está relacionada con la era franquista!
Como iniciados que somos, sabemos perfectamente que era una trampa. Que todo era falso. Desde la intención de los supuestos votantes, la validez de este simulacro de referéndum, hasta la fiabilidad de los «observadores internacionales» generosamente pagados a costa de los contribuyentes españoles. Las revelaciones realizadas durante el juicio del “Procés” en Madrid, que fue brillante y ejemplar, son muy instructivas.
Sin embargo, el trabajo realizado en el plano internacional sigue siendo muy importante. El aparato separatista catalán nos lleva entre siete y ocho años de adelanto sobre nosotros. Ha destinado millones de euros, de todos los contribuyentes españoles, en propaganda y comprando influencias fuera de nuestras fronteras.
Tanto el Gobierno de España como la sociedad civil catalana, que ha estado callada demasiado tiempo, no han hecho absolutamente nada para frenar esta deriva secesionista. La buena noticia es que todavía estamos a tiempo de erradicar los estragos de esta secta criminal. Apenas tenemos cuatro años.
Y esto gracias a la valiente decisión de Valls. Ha demostrado una visión real y un liderazgo que le agradezco cariñosamente hoy. De hecho, en Suiza tendría mucho más éxito luchando contra el aumento de los costes de la sanidad o en favor de la transición energética.
Luchar por el respeto del Estado de Derecho en Cataluña significa cerrarse muchas puertas. Los riesgos personales son considerables para las personas que se atreven a alzarse contra esta enorme manipulación de masas. Que no se equivoquen. Los intereses económicos particulares son importantes. El catalanismo político sólo es un señuelo. Oculta los amaños de un pasado todavía muy reciente. Al igual que la voracidad de nuevos protagonistas.
Valls ha confirmado el camino a seguir. Camino que yo mismo sigo con la asociación suiza «Catalunya Peuple d’Espagne». Si no conseguimos éxitos de manera constante tanto operativos como mediáticos en la escena internacionales, en la era de la interdependencia, perderemos Cataluña. Remanguémonos las mangas. ¡Tenemos cuatro años!
François Meylan
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