Asesinar la duda

No pretendo, en estas líneas, valorar la posición política de Catalunya en Comú ante el referéndum secesionista anunciado para el 1 de octubre. ¿Para qué? Al respecto ya se han manifestado, en tromba, los vividores del procesismo y también los partidarios de la legalidad vigente y la Constitución. Para un servidor de ustedes lo realmente importante, en este país, no son las ambigüedades calculadas de los afines a la señora Ada Colau, sino el intento de asesinato de la duda, el exterminio del matiz, que persiguen las huestes de Puigdemont.

Desde una atalaya patriótica, de sospechosa legitimidad, algunos pretenden prohibir el derecho a pensar, a dudar, a diferenciarse. Y es que, amigos, los vigilantes del “procés” no se andan con chiquitas ni se abstienen de anatemizar a los disidentes. Catalunya en Comú, el PSC, Jordi Baiget, o Merce Conesa -entre otros y a diferente nivel- son, o han sido, vilipendiados por los guardianes de la “Revolució dels Somriures”. Los Llach, los Rufianes y los Turull de turno no cesan en su irracional empeño fustigado. Terrible, pero cierto. Para preservar la salud democrática de este país alguien debería recomendar a estos señores aquella máxima de Aristóteles que planteaba el ejercicio de la duda como el principio de la sabiduría.

La deriva autoritaria del Govern, y de la CUP, es visible en varios ámbitos. En el declarativo, la contundencia y agresividad de Carles Piugdemont y los suyos va in crescendo. Amenazas, desafíos e incluso insultos trufan las intervenciones públicas de los capitostes secesionistas. En la política institucional la burda manipulación de la dinámica parlamentaria, poniéndola al servicio del ejecutivo, deviene escandalosa y antidemocrática. La interpretación a capricho de los informes de los letrados del Parlament, o del Consell de Garanties, son una pésima carta de presentación ante Europa y también un mal presagio para la sociedad catalana.

Y si recalamos en el frente partidista, las amenazas de purga contra los disidentes disparan la autocensura de los tibios hasta niveles insospechados. Para rematar la jugada nos quieren distraer con la ambigüedad de los Comunes para, paso a paso, seguir apretando esa soga que asfixia el libre albedrio y la democracia.

Zarzalejos, en las páginas de La Vanguardia, nos decía que tanto vocerío y despropósito en el bloque secesionista obedece a una única razón. A saber: conscientes del callejón sin salida en que se ha metido Puigdemont, al Govern le urge provocar una reacción -cuanto más contundente, brutal y descontrolada mejor- de Rajoy; para poder llamar a la movilización y generar un fogonazo social controlado. Y así, una vez las aguas vuelvan a su cauce, seguir ‘procesando’ sin mácula, ni estigma de tibieza o traición. Mientras tanto le conviene mantener la movida en los medios de comunicación e ir asesinando la duda y el matiz. Como pueden ver, están tan metidos en su papel mesiánico que ignoran que el asesinato se paga.

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