Artículo vigésimo tercero: sobre la dilución

NOTA PREVIA: Cuando esto escribo, hace sólo 10 horas que salió Puigdemont de su cárcel alemana, en libertad provisional bajo fianza y medidas cautelares, en tanto se resuelve su caso de extradición a España por malversación de fondos públicos (que no por rebelión, tras las consideraciones hechas por el juez correspondiente y desoída su Fiscalía). 

Esto, como usted bien sabe, tiene mucho que comentar y voy a hacerlo para que lo lea la semana próxima; entretanto, le invito a leer lo que el sábado pasado dejé redactado para ésta y que viene a ser el cuadro general (de dilución del “procés”) que enmarca la pincelada de este mediodía y que los independentistas recibirán, no me cabe duda, como un balón de oxígeno, tratando de hacérnosla ver como la gran absolución final europea de su delirio, pero no tiene más importancia que la que tiene (el post-delirio sólo consiste en más-delirio). Esto que sigue, pues, escribía yo en las circunstancias de hace nada (ignórese la última línea del primer párrafo):

Me va aburriendo más cada día la prensa independentista porque el escaso interés intelectual se complementa con insistencia en las tonterías de siempre; y, oiga, uno tiene más cosas que hacer que leer bobadas. No hay verdaderas noticias más allá de la detención de Puigdemont y el estrepitoso fracaso del proceso secesionista.

Ayer, Viernes Santo, sentí que TV3 había levantado el pie del acelerador. Hoy, también. Y he visto que El Punt-Avui parece menos agresivo. Sus “expertos” en análisis de gastos de defensa consideran que el “nuevo Estado catalán” no requerirá ejército (vieja cuestión que nunca han sabido tratar adecuadamente y vieja solución que es contestada siempre por otros separatistas más belicosos que tampoco saben de qué hablan).

A vueltas con la presencia de las Fuerzas Armadas en un salón de formación de  jóvenes, comenta que “no hay que permitir que se deslumbre a éstos con profesiones basadas en el uso de las armas y de la represión, que eso es un anacronismo, y que los ejércitos andan escasos de valores fundamentales”, de los que pone como ejemplo la paz, “no la impuesta por la amenaza de las armas, sino la que se gana con el diálogo y el respeto a los otros y su libertad de decidir”. Bien, mucha ignorancia suelta es lo que hay.

El diario digital “elnacional.cat” considera que es noticia que Puigdemont diga con un tweet que no piensa claudicar (ojo con el deletreo: en inglés twit significa persona estúpida), y que la directora de la cárcel manifieste que “los demás presos se preocupan por él, le cuidan, miran si tiene suficiente café y dicen no entender que esté allí” (ya se sabe que los presos del norte de Alemania tienen un gran nivel de ciencia política y un conocimiento muy cercano del problema en Cataluña).

Dicen estos presos que, “de hecho, Puigdemont no debería estar allí” (seguro que también dicen que ellos tampoco deberían). A continuación, se congratula el diario de la enorme internacionalización del “procés” y cuenta que entre hoy y mañana va a haber tres manifestaciones a favor de Puigdemont en Alemania (pero muy preocupada por su repercusión no estará Angela Merkel pues ha volado a La Gomera para pasar unos días de vacaciones).

Luego incluye la opinión de otro versado en el asunto: un hindú que dirige unos medios televisivos que llegan a 120 millones de personas (lo cierto es que logra impresionarme con la cifra) y que dice que los catalanes (todos, al parecer) son perseguidos en España como se persigue a los gitanos. De esta infumable patraña logra deducir el inteligente articulista catalán (literalmente) que “no hay duda de que el proceso independentista se ha internacionalizado”.

Después se pregunta “dónde están los demócratas alemanes y la Unión Europea, cuya promesa creyó Puigdemont y por eso ha perdido la libertad” (no casa esto mucho con lo que un compañero suyo anda diciendo sobre que Puigdemont se dejó detener a propósito precisamente por internacionalizar la causa).

Estas bobadas me parecen estertores premortem. Ahora, los más violentos salen a las calles (el espasmo) mientras los políticos siguen sin acuerdo (el marasmo). Y es que le falta razón al movimiento, viabilidad a los planes, unidad a quienes han de apoyar, y valor (moral y físico) a quienes lideran.

Cuando se engaña tanto y se crean expectativas tan grandes como imposibles, cuando se promete como inmediato lo que se sabe que jamás ocurrirá… no se puede luego pasar de puntillas sobre el fracaso. Recordará el lector fiel que en mi artículo sexto definí el “error puro” y expliqué que cuando el resultado de una decisión no es conforme al objetivo, se llega invariablemente (según los casos) a: un accidente, a un resultado falso, a una solución mediocre o a una opuesta. Juzgue, pues, la situación cinco –cruciales- meses después:

  • Se empeñaron en la independencia y han conseguido la aplicación del art. 155. Ahora quieren que acabe para volver a los años ochenta.
  • Tras 6 legislaturas de Pujol, 1 de Maragall, 1 de Montilla, 2 de Mas y 1 de Puigdemont, gana las elecciones un partido como Ciudadanos, un hecho que pueden no enfatizar ni comentar pero que es innegable. El nacionalismo es tan derrotable como Napoleón (España entera y Waterloo saben mucho de esto).
  • Tanta bandera estelada ha hecho que la bandera de Cataluña (constitucional, por autonómica) sea ahora vista como constitucionalista; o sea, que ya la han perdido para siempre.
  • Caricaturizaban el nacionalismo español acusándolo de todo, pero lo que han hecho ha sido despertarlo: ya no hace falta un triunfo de la selección nacional de fútbol para ver las calles llenas de banderas españolas.
  • Dieron por hecho que el Estado español era débil y no reaccionaría, o que su fuerza desmesurada y loca dotaría de razón a la sinrazón del independentismo. Pero ahora hay más españoles convencidos del valor de la democracia y leales a la Constitución y al Rey. Acuérdese del 23-F: temeridad de unos, susto y lección democrática para todos, punto de inflexión del Rey, acción implacable de la justicia, aplausos de la comunidad internacional y de la historia; por este mismísimo orden… ¿dónde estamos?
  • Se hicieron ilusiones sobre el apoyo internacional, empezando por la propia Unión Europea, luego pasaron a despreciarla (de hecho, ni un solo gobierno del mundo se ha puesto todavía de su lado; sólo radicales u otros separatistas); ahora han de conformarse con las demoras o pegas que jueces extranjeros puedan poner a los diversos expedientes de extradición.
  • No han dejado de hablar de su talante pacífico, nada violento y hasta festivo en sus modos y manifestaciones; pero ha quedado patente que hay muchas clases de violencia, y que la mayor violencia física está por llegar, o llegando ya de hecho, lo que terminará de descubrir la verdadera cara del conjunto.
  • Vaticinaban un futuro bienestar económico sin parangón, una vez liberados de la “carga” del Estado que les robaba, etc. y han logrado caída de la inversión extranjera, huida de empresas, que se tambalee la elección/reelección de Barcelona para celebrar algún congreso internacional, etc.
  • Se reían en TV3 de tantas cosas que consideraban “típicamente españolas”… y han acabado propiciando la aparición de Tabarnia, que se ríe de lo que (sólo ellos) consideran “genuinamente catalán” en forma grande, especular y espectacular.
  • Buscaban internacionalizar un “procés” triunfante y han conseguido internacionalizar el ridículo de un “procés” agonizante (ya sabe usted que no puedo pasar sin hacer alguna rima aunque sea en el último momento).

Gracias por su paciencia conmigo. Aquí tiene el enlace para leer el artículo anterior.

Por Ángel Mazo

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