Un clásico por el que no pasan los es Casa Alfonso (Roger de Llúria, 6), un restaurante de toda la vida en pleno centro, entre plaza Urquinaona y la Gran Vía.
No es nada barato, y las raciones no son demasiado grandes, así que pensad que es un lugar más para degustar y disfrutar que para devorar. Salvo que vayáis dispuestos a gastar sin mirar, y entonces a base de platillos quedaréis más que saciados.
¿Qué me gustó? Las alcachofas laminadas fritas son espectaculares. Y los chips de berenjena con miel a la andaluza también están más que bien. La ensaladilla rusa merece ser probada y la empanadilla de atún, aunque te soplan dos euros por unidad, está rica. Es contundente, todo relleno y poco aire y menos salsa. Hay que probarla.
Las patatas bravas son correctas, sin alardes. El picante no satura, y están sazonadas con una salsa rosa con toques de pimentón.

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