Ostentar un puesto de mando en cualquier estructura política deviene condición necesaria aunque no suficiente para mejorar la vida de las generaciones presentes y, especialmente, de las generaciones futuras.
Qué mayor honor puede haber para un servidor público cuya vocación nace de lo más profundo de su alma; incluso para cualquier persona que decide interrumpir su vida profesional para dedicarse durante un tiempo a la cosa pública, que el hecho de poder desde nuestras instituciones buscar acuerdos e implementar medidas que permitan mejorar nuestra educación, nuestra sanidad, nuestros servicios sociales, nuestros impuestos, nuestro transporte, y un largo etcétera …
En Cataluña hace demasiados años que los gobernantes olvidaron cómo interpretar la brújula de las prioridades. Y algo más triste aún: los ciudadanos hace mucho que olvidamos la fuerza democrática que tiene nuestro voto.
No sé si tenemos el gobierno que merecemos, pero tengo claro que en Cataluña tenemos el gobierno que votamos. Como sociedad aceptamos que año tras año nuestros gobernantes equivoquen sus prioridades, aceptamos que nuestros gobernantes hablen un idioma que el conjunto de ciudadanos no entendemos, aceptamos que nos traten de forma infantil…
El Ex President Quim Torra jamás quiso dedicarse a la política. Algo que, por otro lado, me parece más que aceptable. Pero algo que no me lo parece tanto es que Torra jamás quiso utilizar las competencias del cargo que ostentaba para algo diferente a ampliar la brecha existente entre catalanes, a magnificar un victimismo infantiloide que ha calado en gran parte de la sociedad catalana, a agraviar al resto de compatriotas con sus salidas de tono, insinuaciones y escritos cuanto menos fuera de tono.
El Ex President Quim Torra tuvo una oportunidad que todo servidor público desea: estar en el lugar y el momento adecuado para cambiar las cosas. Y decidió, como ya antes hicieron sus Muy Honorables predecesores, elegir el insulto frente a la propuesta; el agravio frente a la pedagogía; la amenaza frente a la concordia y el victimismo frente al trabajo duro y complejo del Gobernante.
Decía que no es la primera vez que nos pasa. Desgraciadamente hace mucho, demasiado tiempo, que en Cataluña nuestros gobernantes no hablan de cómo mejorar y aumentar el nivel de nuestro sistema educativo, de cómo preservar nuestra libertad individual, la seguridad y la propiedad privada; de cómo volver a hacer de Cataluña una tierra referente en cuanto a innovación, vanguardismo y progreso.
Quim Torra tuvo la oportunidad de dirigir la Generalitat 865 días. 865 días que si a él se le hicieron largos, a los catalanes se nos han hecho eternos. En pocos meses nos tocará decidir a nosotros cómo encarar los próximos años: Afrontemos con valentía el gran reto democrático que supone quitarnos a la losa separatista de encima y pongamos en manos de políticos con criterio, proyecto y experiencia el futuro de nuestras instituciones.
Hace ya demasiados años que llevamos probando el menú separatista. Es hora de probar cosas distintas para poder esperar resultados distintos. Y sólo depende de todos y cada uno de nosotros.
Marcos Sánchez Siles
Abogado y Economista.
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