El jueves asistí a la presentación del libro de Sergio Fidalgo “50 hazañas de TV3” y el diagnóstico que hizo junto a sus acompañantes es certero. Nada de lo que pasado en Cataluña se habría producido sin una televisión pública al servicio de una parte de los catalanes, los separatistas, y combativa con la otra, los que no lo somos.
Y esto es sencillamente trágico porque ha espoleado la división, la ruptura y el odio entre los ciudadanos. Si el fin público de TV3 era normalizar el catalán entre los castellanoparlantes, está claro que no lo han conseguido porque ya ninguno la vemos.
Son 36 años de proyecto sectario con el objetivo de adocenar a los seguidores de la cadena y hacerlos militantes anti españoles, utilizando el insulto, el adoctrinamiento, la humillación y el desprecio hacia el que piensa diferente.
No hay discrepancia interna sencillamente porque sus trabajadores son separatistas militantes y no necesitan instrucciones ni directrices. Les mueve la animadversión hacia los constitucionalistas y su empeño es claro, como el de una secta, conseguir más adeptos y hacer lo indecible por lograr el propósito, acabar con España.
Para ello cuentan con el dinero de todos los que pagamos impuestos aunque no la veamos y nos sintamos ofendidos. Sabéis que llevé el caso al Parlamento Europeo y que sigue abierto. No dejaremos de denunciarlo y advierto que si no se reforma íntegramente su funcionamiento y se adecúa a los cánones de pluralismo, objetividad y respeto a la verdad, la hoja de ruta que Iceta ha marcado se cumplirá.
En diez años y gracias a esa imponente maquinaria de hacer independentistas y picar constitucionalistas, la separación de Cataluña será realidad. Sólo se podrá evitar mediante la aplicación efectiva del artículo 155 de la Constitución, porque ese artefacto de manipulación de la opinión pública se ha demostrado una arma de destrucción masiva de la paz y la concordia entre catalanes.
Sergio Santamaría
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