40 libros para una Barcelona plural. ‘Bagaria, la guerra no fa riure (1936-1938)’, de Jaume Capdevila

La prensa barcelonesa tiene desde mediados del siglo XIX una gran tradición de brillantes humoristas gráficos, desde el costumbrista Opìsso al ‘deportivo’ Valentí Castanys, pasando por Junceda o los más recientes Perich, Ivà o Jaume Capdevila. Este último además de dedicarse a la tarea de ‘ninotaire’ en los dos diarios del Grupo Godó, La Vanguardia y El Mundo Deportivo, es un estudioso sobre esta materia. Ha comisariado diversas exposiciones y ha publicado diversos libros de gran rigor.

Uno de sus mejores libros está dedicado al gran ‘ninotaire’ político de la prensa barcelonesa, y también de la madrileña, de las décadas de los 20s y de los 30s, Lluís Bagaria. En ‘Bagaria. La guerra no fa riure. Caricatures antifeixistes a La Vanguardia (1936-1938) Capdevila, más conocido como ‘Kap’, escoge unas ciento ochenta viñetas de este humorista gráfico, desde el inicio de la Guerra Civil española hasta bien entrada la contienda, las contextualiza y las comenta para que el lector pueda extraer todo el jugo a cada dibujo.

Y no solo eso, Capdevila elabora un interesante perfil biográfico de Lluís Bagaria, y además analiza la importancia de su trabajo en el contexto de la época. Y también desgrana su técnica como profesional de la viñeta, con la precisión que solo puede conseguir otro dibujante que sabe lo que es pasarse la vida pensando cómo seducir al lector con unos cuantos trazos y un mensaje conciso, pero atrayente. No en vano muchos ‘ninotaires’ crean auténticas piezas de opinión, dignas de ser el editorial del periódico, en cada uno de sus trabajos.

Como era el caso de Bagaria, que en sus años en La Vanguardia ya “ha creado un universo iconográfico propio a través de los años, y de la misma manera como en el santoral cristiano o en la mitología, en que los atributos sirven para representar y diferenciar santos y divinidades, también los personajes que protagonizan los dibujos de Bagaria se pueden reconocer e identificar por los elementos gráficos que el caricaturista les añade, reforzando su cara satírica y simbólica”.

Este mítico humorista gráfico no solo triunfó en Barcelona, también lo hace en Madrid, ciudad en el que se convierte en un habitual de los círculos bohemios de la capital. Tal y como relata el autor del libro Bagaria ganaba mucho dinero, y lo gastaba enseguida ya que a veces “cenaba dos o tres veces la misma noche en marisquerías de la capital” y se pasaba semanas seguidas sin pasar por su domicilio ya que se dedicaba por las noches a jugar al póker. Pero era el mejor y más famoso caricaturista de toda España, y llegó a exponer en galerías londinenses. Alternaba la multitud de elogios que recibìa por su trabajo con las querellas. De hecho, una amnistía promulgada en 1918 le libró de ir a la cárcel por “graves injurias al Rey de España”.

Fue la estrella de uno de los diarios madrileños más importantes del momento, El Sol, y también colaboró en la prensa argentina. Pero su amor por la vida bohemia, y su querencia por la bebida, le fue minando poco a poco, junto a la desmoralización que poco a poco le fue afectando al ver como la Segunda República, en la que había puesto todas sus esperanzas, como millones de españoles, se iba derrumbando. Capdevila afirma que en 1936 Bagaria era “un personaje prácticamente deshecho” tras su militancia en diversos partidos de izquierdas que le habían decepcionado.

En 1936, al estallar la Guerra Civil, comienza su colaboración con La Vanguardia, que fue colectivizada por las autoridades republicanas en Cataluña, y que nutre este libro. Sus caricaturas son de una fuerza desgarradora, cada una de ellas es una denuncia de los excesos de los fascismos que entonces asolaban Europa y un intento de defender los últimos rescoldos de una República en la que Bagaria creyó, y que se iba diluyendo ante los avances de las tropas nacionales que comandaba Francisco Franco. Capdevila relata como estas viñetas están llenas de denuncia política de gran nivel, ya que Bagaria pone en evidencia el doble juego de las potencias internacionales, que consideraron la Guerra Civil como una partida más en su tablero de poder.

Bagaria dejó de publicar en La Vanguardia en abril de 1938. Coincidiendo con la entrada de las tropas franquistas en Cataluña este genial dibujante se exilió en París. Murió en Francia en 1940, a la edad de 58 años. Además de las caricaturas que dejó en un buen número de periódicos nos queda este magnífico libro para recordar la obra de uno de los humoristas gráficos españoles más brillantes del siglo XX.

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