La autoafirmación de la Universidad catalana

Foto: Miguel Lorenzo

¿Está tan falta de principios nuestra universidad, que necesita, parafraseando a Heidegger, autoafirmarse como universidad del régimen? No le basta con buscar la excelencia científica, con intentar ser puntera en docencia e investigación, con tener los mejores proyectos y convenios, no. No le basta. Necesita autoafirmarse, en el mejor sentido del concepto, como universidad que está en la línea política del régimen secesionista.

Ayer lo ha hecho la de Barcelona, mediante una votación en el Consell de Govern, que ha originado que el voto de 24 personas a favor del ‘Pacte Nacional pel Referéndum’ esté condicionando la posición de más de 60.000 en relación con la realización de un referéndum declarado contrario a la Constitución por el propio Tribunal Constitucional. Cierto que la victoria ha sido pírrica, porque 17 de los miembros presentes no se han adherido al mismo y, conociendo el ‘ambiente’ de estos conciliábulos, tengan Vds. por seguro que se trata de votos del mayor valor resistente. Lo cual no es de menor importancia.

Lo hicieron en semanas anteriores la de Girona, la Rovira i Virgili y la Pompeu Fabra (que yo recuerde), también muy doctas ellas en adhesiones. Y siempre con la misma táctica: decide el Consell de Govern u órgano similar, que ahí es mucho más fácil de contar con los adeptos a los que previamente ya se han preocupado de situar. Es muy fácil, realmente, tener mayoría de votos en un Consell que representa, mediante un sistema que combina la ‘digitalidad’ con la ‘representatividad’, a decenas de miles de personas. Hoy el voto secesionista no ha llegado, por uno, ay!, a la mayoría absoluta de los 50 miembros que componen el Consell de la UB, pero como se decide por mayoría de los presentes… Así, con estos órganos universitarios, se puede llegar a declarar, si conviene, la posesión de la inmortalidad, e incluso creérsela, puestos a hacer actos de fe.

No es algo baladí, esto. Tales posicionamientos se sitúan en el marco de la estrategia totalista del pujolismo, hoy reencarnada en el procesismo. El afán por invadir los espacios, públicos sobre todo, aunque también privados (recordemos el anuncio que hace un par de Navidades nos regaló el entonces ‘President’, aleccionando sobre cómo convencer de las bondades del ‘procés’ durante la cena de Navidad, en casa o en la empresa, aún a costa de arruinársela a más de uno), para hacer creer que toda Cataluña navega a toda vela sobre la ‘estelada’, llega a los ridículos más espantosos. Como esos que estamos presenciando en las universidades, cuando los órganos de gobierno de algunas han dejado de ser UNIVERSITAS para convertirse en locales reductos de la paranoia independentista.

El fracaso de lo que querían construir alrededor del CUC o ‘Consell Universitari Català’, al cual asistí un par de veces como representante de Sociedad Civil Catalana y al que dejé de asistir porque detrás de cada palabra y de cada programa aparecía alguno de los ‘ejes’ del derecho a decidir o de la independencia, ha llevado a que se intente, ahora, que sean las universidades, directamente, las que se constituyan como ‘estructuras de Estado’ de la república catalana independiente.

Ello no tendría la menor importancia si no fuera porque esta “inusitada” actividad veraniega de nuestros ‘próceres ilustrados’ (que son incapaces, entre otras cosas, de asegurar una versión lingüística adecuada de la web de la UB) se sitúa en línea con otras decisiones del secesionismo, tales como la utilización de los universitarios afines (varios los tienen en la web del CUC) en las campañas del Diplocat, la instrumentalización del movimiento estudiantil mediante el apadrinado y subvencionado Sindicat d’Estudiants dels Països Catalans que trata de impedir continuamente que otras organizaciones tengan acceso al espacio público, las amenazas que se están dirigiendo al funcionariado que no colabore en la realización del referéndum ilegal o, entre otras, el intentar hacer comulgar con ruedas de molino sobre la legalidad de los fines y los medios a utilizar para la construcción del ‘nuevo Estado’.

La descripción de estos hechos, acompañada por el intento de adoptar normas que faculten a romper con el orden constitucional vigente, en forma similar a la Ley Habilitante que, en 1933, permitió de facto la vulneración de la Constitución de Weimar y el ascenso al poder del nacionalsocialismo, con la técnica que también quieren aquí y ahora emplear de “pasar de la ley a la ley”, nos tiene que poner en alerta. Porque, de no ser conscientes de ello y dejemos que vayan consolidando espacios, al final, cuando vendrán a por nosotros, ya no quedará nadie para defendernos.

Porque intentarán venir a por nosotros, no lo duden. Ya lo han anunciado, tanto en la Escola d’Estiu de Prades como en la Escola d’Administració Pública de Catalunya, se ha dicho, públicamente (está grabado y por escrito) que los funcionarios, especialmente los docentes, tendremos que ser, en cierta manera, ‘reeducados’, ya que no estamos bien informados y no acabamos de entender las ventajas que nos va a traer el ‘noupaís’.

Quizás por ello, en algunas universidades, algunos ya están comenzando a autoafirmarse, es decir, a hacer méritos para que, a partir del 1 de octubre, no tengan que hacer dazibaos o ir al Delta del Ebro a coger arroz.