Yolanda Díaz ha confirmado lo que muchos ya sospechaban en los pasillos de las Cortes: no encabezará la candidatura de Sumar en 2027. La vicepresidenta segunda ha elegido la red social Bluesky para anunciar una retirada que llega en el momento de mayor debilidad de su plataforma política.
La líder gallega arroja la toalla tras meses de desgaste interno y una incapacidad manifiesta para cohesionar a las distintas familias que conforman su coalición. En su misiva, Díaz reconoce haber tenido «reticencias» desde el inicio de su aventura como candidata en las pasadas elecciones generales. Es una confesión que suena a justificación tardía de quien no ha sabido gestionar las expectativas de un electorado que empieza a dar la espalda a su gestión.
La todavía ministra de Trabajo utiliza el victimismo habitual al señalar que la política es «especialmente dura para las mujeres». Sin embargo, obvia que la dureza real proviene de las urnas y de una estructura política, la de Sumar, que se desintegra por momentos ante la falta de un liderazgo sólido.
Pese a su renuncia electoral, Díaz pretende mantenerse en el Consejo de Ministros hasta el final de la legislatura. Esta bicefalia entre la gestión ministerial y la ausencia de futuro político genera una parálisis institucional que Pedro Sánchez tendrá difícil de explicar a sus socios.
En su balance, la ministra presume de una tasa de paro por debajo del 10% y de un récord de ocupación que la realidad económica matiza con dureza. El triunfalismo de sus cifras choca frontalmente con la precariedad que sigue instalada en el mercado laboral y el maquillaje estadístico de los fijos discontinuos.
La marcha de la vicepresidenta es el reconocimiento implícito de que el «proyecto Sumar» ha fracasado en su intento de sustituir a Podemos de forma amable. Lo que nació como un proceso de escucha ha terminado en un silencio administrativo por parte de su principal impulsora.
Pedro Sánchez pierde así a su socia más dócil, aquella que permitió al PSOE fagocitar gran parte del espacio de la izquierda radical. La incertidumbre sobre quién recogerá el testigo en Sumar añade una nueva capa de inestabilidad a un Gobierno que ya sobrevive en tiempo de descuento.
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