Estuve un tiempo fuera de Cataluña, lo que me dio posibilidades de, con menos ruido, seguir las vicisitudes de esta porción de la península, pequeño territorio con ínfulas de imperio galáctico.
Es un lugar que puede resultar molesto para la vida si haces caso a la mayor parte de la prensa que, bien engrasada, intenta resaltar cualquier cosa que nos haga pensar a los catalanes que somos algo singular y al tiempo esconder nuestras miserias para no perjudicar la autoestima de “nuestro pueblo“, como dicen los nacionalistas alegremente. Y mentir, manipular, engañar.
En una situación más tranquila mentalmente regresé a mi hábitat cotidiano, y coincidió con la vorágine postelectoral y la patriótica tarea de dar gobierno a la ciudadanía.
Sí el seguimiento del juicio a los golpistas catalanes aportó dosis de conocimiento sobre procedimiento jurídico y mucha información directa sobre los nacionalistas secesionistas, sus intenciones, manejos y golfadas, suavizada a veces la pesadez del seguimiento, por esperpentos inenarrables, incluso hilarantes de algunos testigos, ahora las sesiones de investidura han sido un auténtico espectáculo teatral.
Bochornoso, zafio e insustancial. Si se siguió en directo, (harto difícil por horarios) o recuperando en redes o repositorios adhoc, las intervenciones realizadas, aportan mucho sobre la condición humana, casi un master en Shakespeare y los sentimientos que revisa, como me diría un buen amigo, sin que los actores salgan, en general, bien parados.
No voy a hacer crónica sobre hechos que son bien conocidos, si no es así recomiendo buscar bien las fuentes y contrastar. Hay mucha opinión al dictado, o con carné ideológico, o con recibo en bolsillo. Aquello de ”lean comparen y si no encuentran nada mejor, denle atención”, funciona.
Ha sido ejemplarizante escuchar a los principales actores, y poner atención en sus voceros. Su directo es sabroso, Pedro Sánchez, Iglesias Turrión y los diversos portavoces o miembros de sus adjuntías, remarcables Pablo Echenique o Carmen Calvo, ambos rutilantes creadores de mensajes.
Luego un montón de figurantes, a cuál más curioso, que pugnan por entrar en la melé (combate desorganizado) a fin de conseguir minutos en TV a base de ocurrencias de las más variopintas. Especialmente me refiero a esos del “¿qué hay de lo de mi terruño, que no lo nombra en su discurso?”. Dejo de lado, y a conciencia, a los otros tres partidos de implantación nacional ya que antes, y al inicio, fijaron claras posiciones y luego se limitaron a señalar, a veces con dolor para el señalado, donde estaba el follón, perdón la negociación, con mayor o menor delicadeza.
Creo que algunas intervenciones de los dos representantes, de PSOE y Podemos, deben mostrarse y estudiarse como comportamiento anómalo. Llevar a un parlamento propuestas de repartos de ministerios y cambios en su concreción sobre la marcha y en directo, simulando que es un debate, no es edificante. ¿Que hicieron los dos meses anteriores? ¿Alguien ha leído propuestas concretas de gobernabilidad? ¿Alguna sugerencia concreta más allá de vaguedades que seguramente nadie rechaza?
Ha habido momentos de cierta dureza en la forma y curiosamente los interpelados han respondido con mohines de ofendido, muy comentados y celebrados en algunos medios, casi como si narrasen escenas de “Sálvame”, “Supervivientes” “Tronos” u otra basura televisiva. No, no, lo duro no es eso, sí lo es el escarnio a la ciudadanía, no presentar propuestas, no enseñarlas y no debatirlas antes y en base a ese trabajo previo y serio debatir. Y sobre todo la gran mentira, si sabían que no iban a hacer un gobierno compartido, ¿por qué tanto cuento?
Hay un resumen para todo ello, es la frase de Carmen Calvo en radio: «La negociación empezó casi hora y media mas tarde porque Echenique llegó y dijo que si no había una vicepresidencia para la compañera Irene Montero, no se sentaba a hablar”. Es tan serio como hilarante a la vez, es su negociación. Es una desvergüenza.
¿Y si reiniciamos?
Como un teléfono o un ordenador cuando hace el tonto y queremos estabilizarlo e iniciamos nuevamente el ciclo de puesta en marcha. Los partidos saben lo que tienen que hacer y si los que los dirigen no, otros pueden intentarlo, no es problema de caudillismos, eso sobra, me refiero a ponerse a trabajar.
Mientras estas miserias nos ocupan, en Cataluña espían como hablan en el patio los niños, los perseguidores compulsivos del español, la lengua de todos.
Mientras, los independentistas vascos que no condenan los asesinatos de ETA ni consideran a las víctimas, farfullan ‘Estado fascista’ y hablan de historicismos impostados.
Mientras, los seguidores de los intolerantes en Baleares se hacen cargo de la Educación y la gestión de la lengua.
Mientras, en Navarra los proetarras son la clave para un gobierno y alguien les ha de pedir que se abstengan “a cambio de nada”, seguro.
Mientras, en Andalucía cada día aparecen se destapan más chiringuitos con subvenciones importantes y que no han hecho nada nunca.
Mientras, la sanidad en Cataluña incrementa las listas de espera. Y no es la única.
Mientras, “los menas” desconocen lo que significa ser tutelado y eso les empuja a la marginalidad, por dejación de funciones de las instituciones responsables.
Mientras, el Parlamento de Cataluña planta cara al TC nuevamente.
Mientras, crecen los trámites judiciales por casos de corrupción.
Mientras, se prepara la sentencia del Supremo que previsiblemente tendrá gran impacto y provocará tensiones impredecibles.
Mientras, se siguen abriendo embajadas catalanas con nuestro dinero para denigrar a la mayoría de los catalanes y a todos los españoles
Mientras… los ciudadanos parecemos mudos, los militantes asumen todas las maniobras de sus partidos con ovina templanza, abandonada la necesaria capacidad crítica, en la mayor parte de los casos. Llenamos las redes de cantos desesperados y de críticas irascibles y faltonas.
Pero seguimos desmovilizados, seguimos desorganizados, seguimos con la galbana pasiva. Ya hay que reiniciar, nos jugamos mucho y la alternativa es la sumisión resignada. Tenemos lo que tenemos, vivimos en una parte del mundo privilegiada, somos gente normal y cabe afrontar estas neurosis y distinguir a la gente normal de los estúpidos que tienen un problema para cada solución.
José Luis Vergara. Julio 2019
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