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Julio Pardo, puro sentimiento perico

"Pardo era revolucionario hasta en lo único que no escogió, su fecha de nacimiento. Vino al mundo un 14 de julio"

Por Sergio Fidalgo
domingo, 12 de septiembre de 2021
en Deportes
5 mins read
 

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Uno de los momentos que más emocionaban a Julio Pardo cuando hablaba del Espanyol es cuando relataba la demolición del estadio de Sarriá, y como lo vio in situ, porque quería despedirse de aquel viejo coliseo en el que había pasado media vida, como aficionado de a pie, luego como ‘tribunero’ y finalmente como el presidente que consiguió que nuestro club tuviera, en su época, el mayor número de accionistas de todas las S.A deportivas gracias a una operación de emisión pensada para que el capital estuviera en manos de la gente, no de los millonarios. No fueron muchos los pericos que tuvieron el valor de sufrir en vivo una tragedia así. Pardo siempre contaba que cerca de él, en otro rincón discreto, estaba Manel Fanlo, el que fue jefe de prensa del Espanyol, y que falleció recientemente.

Reconozco que tenía debilidad por él, porque fue el presidente de mis inicios en el activismo perico. Fue en 1991 cuando un grupo de amigos fundamos la Penya Universitària Blanc i Blava, que significó mi salto desde la grada de Sarriá, a la militancia social en clave espanyolista. Y aún recuerdo con mucho cariño como fue él, junto a su inseparable Juan Segura Palomares, el que vino a la sala de grados de la Facultad de Geografía e Historia de la Universidad de Barcelona al acto inaugural de la entidad. Pronunció un gran discurso, porque Julio era un buen orador, nos dio una placa, y los pocos socios del grupo nos hinchamos como pavos al ver como nuestro presidente vino a arroparnos.

Siempre nos apoyaron en nuestra modesta tarea, y al pobre Segura no hacíamos más que pedirle banderines e insignias para repartir entre nuestros compañeros de estudios. No sé si conseguimos hacer muchos nuevos espanyolistas, pero sí comprobamos que la junta de Pardo se tomaba muy en serio los temas sociales. Cuando poco después me incorporé a la directiva de la recién creada Federació Catalana de Penyes, que entonces presidía Agustí Vilà, vi como apoyaban la labor no sólo de nuestra modesta entidad estudiantil, sino de todas.

Y no creo que fuera una percepción particular, porque cuando dejó la presidencia, y comenzó el baile de garrotes que tuvo que vivir durante años, la junta de Vilà le organizó un homenaje en un conocido restaurante barcelonés, cuando ya no estaba ‘de moda’ reunirse con él. Pero hizo mucho por las embajadas pericas, y se lo quisieron agradecer. Bajo su mandato comenzaron los Aplecs de Penyes, y había continuas reuniones con los rectores del club para hablar de todo tipo de temas. Yo estaba en esa cena, y reconozco que fue una de las experiencias más interesantes que viví en aquellos años.

Luego pasó lo habitual en estos casos. Que le perdí la pista. Francesc Perelló asumió la presidencia, le sucedió Daniel Sánchez Llibre, yo dejé la FCPE, me hice periodista, y pasado el Centenario le volví a encontrar en actos diversos. Comencé a invitarle a mis saraos, y en vez de mandarme a hacer puñetas, se apuntaba con alegría. Descubrí que ambos compartíamos un pequeño vicio gastronómico, las patatas bravas del Bar Tomás, un templo ‘tapero’ de la parte vieja del barrio de Sarriá. Y tuve el honor que participara en la presentación de un libro mío, el ‘Con Dani & Contra Dani’ y en uno que edité, el de ‘Españoles, el Barça ha muerto’, de Álex Riquelme. Y en este último acto, que se celebró en el local de la Gran Penya Espanyolista Manigua, nació la idea de dedicarle un libro, el ‘Conversaciones con Julio Pardo’.

Esta obra sirvió, aparte de para comprobar que Julio se equiparaba conmigo a la hora de llegar tarde a los sitios, lo cual no es defecto, sino virtud, en seres como nosotros, que nuestro problema no es de maldad, es de tener demasiadas cosas en nuestras cabezas, para que yo disfrutara de un sinfín de conversaciones en las que profundizamos en la memoria histórica perica. A los que nos gusta el devenir del club nos proporciona placer hablar con los grandes protagonistas de su historia, y si encima el protagonista era como Julio, afable, amante de la vida y que te lo cuenta de puta madre, entonces ya es perfecto.

Pardo era revolucionario hasta en lo único que no escogió, su fecha de nacimiento. Vino al mundo un 14 de julio, un día histórico en la lucha por las libertades y contra las tiranías. Rompió con el pasado al ganar las primeras –y únicas– elecciones democráticas en la historia de la entidad –lo que vino después fueron juntas de accionistas–, con un mensaje rupturista y novedoso. Se enfrentó con las ‘familias’ y se atrevió a plantar cara a los poderes económicos en la sombra del club. Se jugó el tipo yendo a buscar a Rusia a unos desconocidos y fichando de nuevo, con la herida de Leverkusen aún abierta, a Javier Clemente. Desafió a los que querían un club con un accionariado controlado por unos pocos. Le dijo a toda Catalunya que el Espanyol no era una entidad anclada en el pasado, sino «La Força d’un Sentiment».

Demasiados frentes abiertos. Demasiados enemigos. Y al final cayó, fruto del cansancio, del desgaste y de las deserciones internas. Pero dejó al Espanyol como prometió: en Sarriá, en Primera División –a un punto de la UEFA– y con el club en manos de más de ocho mil pequeños accionistas. Ni más, ni menos. Se ha dicho que el fue el culpable de la demolición de Sarriá. Es una acusación injusta y cruel con un hombre que ha querido a ese estadio como si fuera un miembro de la familia.

Llegó al club en unas circunstancias muy difíciles, con el equipo en la categoría de plata pozo su situación económica se deteriora rápidamente. Pardo dejó deuda, eso está claro, porque como Manuel Meler pensaba que era más barato a largo plazo gastar que bajar a Segunda, situación que él había heredado y que no quería dejar a quien le sucediera.

Quien aumentó la deuda por ocho no fue él, fueron otros. Y la operación de venta del estadio, que si se consulta las hemerotecas de la época presenta algunas zonas grises, por no decir oscuras, tampoco la negoció él. Algún día sabremos quienes se beneficiaron de una transacción en la que el Espanyol sacó más bien poco. Porque estoy convencido que Pardo no ganó nada, nada más lejos de su forma de ser que el buscar algún beneficio, y en cambio tuvo que llorar por la pérdida de Sarriá. Su casa y la de miles de pericos. Daniel Sánchez Llibre tuvo un gesto de grandeza al rehabilitar su figura, y lo recuperó como uno de los referentes de nuestro club hasta que falleció en mayo de 2018. Julio, te echamos mucho de menos, nuestras charlas sobre nuestro Mágico y nuestras cañas.


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Etiquetas: FútbolJulio PardoLigaRCD Espanyol
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