El problema de que te roben es que cuando se repite cada año el atraco al Espanyol se convierte en costumbre, y ya no escandaliza a nadie. Los propagandistas barcelonistas y los socios azulgrana pueden mentir y decir sin sonrojarse que siempre vencen con limpieza porque son el poder y no va a pasar nada.
Si repasamos lo que vivimos año tras año cuando jugamos con los culés, los penaltitos con desmayo como el de Xavi Hernández ante Raúl Baena, el gol con la mano de Messi el día del Tamudazo, el que le anularon a Pacheta en Sarriá, la final de la Copa del 57 en Montjuïc y los tantos que seguro que regalaron a Hans Gamper y los suyos en los primeros clásicos que se jugaron cuando Francisco Franco era corneta y presidía la Peña Barcelonista de Tetuán y Protectorado de Marruecos comprobamos que es la historia de siempre.
Estoy convencido que cada vez que un árbitro hace su trabajo en el Camp Nou, que es favorecer al Barça, el espíritu de Guruceta se manifiesta en un corner y, entre lamentos, susurra algo así: “¡Qué tonto fui al no pitar tres penaltis a favor de los culés en cada partido, me hubiera hinchado de pitar finales del trofeíto Hans “Palomo” Gamper y cada Navidad me hubieran mandado una cesta llena de champán francés, jamón del bueno y un vale para un masaje con final feliz!”. Así se escribe la historia, año tras año.
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