Hay que reconocerle el mérito a la izquierda española. Han conseguido hacer un majestuoso ejercicio de ingeniería social aplicada, mediante el cual han logrado que millones de españoles acepten que una persona, por el sólo hecho de haber nacido en un determinado territorio de España deba tener más derechos que cualquier otra.
El privilegio de cuna como motivo de discriminación entre un García de Palencia y un García de Lérida. Entre una García de Cádiz y una García de Guipúzcoa. O entre los Fernández, Martínez o Pérez de cualquier comunidad autónoma entre sí. Si su comunidad es la catalana, la vasca o la navarra, no será su cuna o estirpe familiar la que le haga estar por encima del resto de españoles, será su pertenencia a un territorio de esos llamados históricos lo que le hará merecedor de un trato más favorable.
Siempre y cuando gobiernen los partidos de izquierda, progreso, solidaridad y justicia social, que son los que se han dedicado a primar a los gobiernillos separatistas, nacionalistas y forales de turno a base de privilegios fiscales, económicos, sociales, jurídicos y competenciales para amarrar sus apoyos en la ardua tarea del gobierno de todos bien revueltos.
Estos días estamos asistiendo al chalaneo de mayores privilegios a costa de todos los españoles en el intento de reedición del gobierno Frankenstein. Una reedición que puede llevarse a cabo porque el electorado de izquierdas ha asumido servilmente que lo moderno y de consenso es tragar y pagar diezmos silenciosamente mientras sigan los suyos en el poder, no vayan a venir opciones de ultra turbo derecha o de extremo centro que pretendan quitarles las prebendas a todos y tener una sociedad de españoles iguales en derechos y obligaciones en todos los rinconcitos de lo que aún es conocido como España.
La izquierda patria da la alborozada bienvenida al Antiguo Régimen de Dios, Leyes Viejas, Fueros y milenarismos varios. Bienvenidos al feudalismo del siglo XXI, dónde el García de Badajoz vive feliz siendo un ciudadano de segunda frente a su primo García de Gerona, el del nivel C de catalán y lazo amarillo en solapa. ¿Ven cómo tiene mérito la cosa?
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