Este pasado miércoles, los pasajeros que escogieron a Vueling para volar entre Sevilla y Barcelona tuvieron una desagradable sorpresa y a su vez una negativa experiencia con dicha compañía.
El vuelo VY2223 en un principio salía en hora, a las 19:25 horas se iniciaba el embarque. De forma ordenada los pasajeros fueron entrando en el avión, nada hacía sospechar lo que sucedería después. Una vez que finalizó el embarque, el cual se llevó a cabo con bastante celeridad y efectividad, comenzaron a llegar los problemas.
El vuelo no despegaba y pasaban los minutos y nadie informaba de lo que estaba sucediendo. Al paso de un buen rato, el capitán informaba que debían esperar la llegada de una pieza, que sí o sí, dicho avión debía transportar a Barcelona. La demora fue considerable. Y nadie volvió a dar explicación alguna a los pasajeros, los cuales comenzaron a lógicamente desesperarse.
Pasado un buen rato, y viendo que la indignación iba en aumento entre los usuarios, el capitán informó que el avión tenía un problema con el ordenador y que estaban trabajando para solventar la incidencia con el equipo de mantenimiento. Como era lógico, el enfado entre los pasajeros era mayúsculo, entre los viajeros había muchos niños pequeños.
Finalmente el vuelo salió de Sevilla a las 21:25, dos horas después del embarque, por lo que los pasajeros tuvieron que estar dos horas metidos en el avión y con explicaciones cuanto menos surrealistas. Un viaje muy desagradable, y la sensación de indefensión absoluta de los usuarios ante la situación.
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