“Volien enterrar-nos però no sabien que som llavor”

Al marchar de vacaciones todos sabíamos que este mes de agosto iba a ser un mes difícil, diferente a otros donde predominaba el descanso físico y mental, el ocio y el placer de disfrutar de otras cosas distintas al trabajo cotidiano. Sabíamos que sería un mes complicado, pero nadie pudo imaginar que iba a ser un mes trágico.

Ha sido trágico, sí. Porque al dolor que nos ha causado a todas las personas con un mínimo de sensibilidad el cruel atentado de Barcelona y Cambrils se ha unido la indigencia intelectual y moral de algunos que anteponen intereses políticos al dolor humano. Ha sido trágico, sí, porque hemos podido comprobar que hay gente que es capaz de utilizar una desgracia para sus propios fines. Y ha sido trágico, sí, porque en momentos duros y difíciles es donde se evidencia la altura moral de las personas, sea cual sea el trabajo que realicen, incluyendo la política.

Se ha escrito mucho sobre los atentados ocurridos y se escribirá mucho más. “Las palabras nunca alcanzan cuando lo que hay que decir desborda el alma”, dijo el escritor Julio Cortázar. Pero el pasado sábado, en la manifestación de Barcelona, hubo una mezcla de sentimientos encontrados. Dolor, indignación, pena, tristeza, emoción, agradecimiento… Allí, casualmente y entre el gentío, encontré una concejal del PSC de nuestro Ayuntamiento y me alegré al comprender que nos unía un mismo fin. Pero también pude ver cómo, ante la indigencia intelectual de algunos orquestados que gritaban consignas independentistas, otros, que portaban signos visibles de que defendían las mismas ideas, murmuraban que “avui no toca” (“hoy no toca) e incluso se abstenían de desplegar esteladas, contraviniendo así los mezquinos actos de sus afines.

Lo más terrible es la indigencia moral de quienes utilizan su posición política e institucional para permitir e incluso ordenar que se pervierta el dolor en favor de sus intereses políticos. Porque demuestran su baja talla moral y, en consecuencia, su incapacidad de llevar a buen puerto ni el gobierno de una ciudad, ni mucho menos el de una Comunidad como Cataluña.

No. Me niego a creer que en nuestra Cataluña y en nuestra querida Barcelona predominan aquellos que aprueban la gestión que se hizo de la manifestación del pasado sábado. No.

No obstante, con lo que yo me quedo es con el sentir de la gran mayoría, de la gran parte de catalanes solidarios, de todos aquellos españoles venidos de fuera de Catalunya para apoyarnos, de musulmanes, de policías, de Mossos d’Esquadra, de bomberos, de personal de emergencias, de ciudadanos anónimos de otros países y del Rey. Todos estuvimos en la manifestación con el único objetivo de demostrar al mundo que España es un país digno, valiente y demócrata frente a la barbarie y que el terrorismo no nos hurtará nuestra libertad.

No quiero finalizar este escrito sin mostrar el agradecimiento a unos Mossos d’Esquadra que supieron estar en todo momento, incluso en la manifestación, a la altura de las circunstancias. De una Guardia Urbana de Barcelona magnífica, de una Policía Nacional y Guardia Civil profesional y respetable, de un servicio de emergencias extraordinario, de unos bomberos estupendos, de médicos forenses, psicólogos, ayudantes y personal judicial implicado y de voluntarios catalanes que supieron dar lo mejor de sí mismos en momentos cruciales.


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