Violencia de género e independencia

Habrá quien diga que ha aparecido un problema entre Cataluña y España pero no es así: el problema lo venimos arrastrando desde hace tiempo, aunque es ahora cuando se visibiliza y cuando después del 1-O oiremos el consabido comentario de “cómo hemos podido llegar a esto”, pero es muy sencillo, permítanme que les ponga un ejemplo muy crudo pero muy real: la violencia de género; mientras la mujer maltratada se calla, aguanta y pone buena cara delante de los amigos, nadie sabe que hay un problema, pero existe; en el momento en que se planta y le dice a su pareja que ya no aguanta más y lo denuncia, en ese momento, aunque parezca que aparece un problema grave, ese problema ya existía, es cuando uno deja de callar cuando se visibiliza el problema (que repito que ya existía) en ese momento. Siempre suele haber señales que los más allegados ven pero a las que no dan importancia: el moratón fruto de una caída, la falta de apetito, la dejadez en el aspecto o un maquillaje exagerado, cambios en el comportamiento y “no sea que tenga que tomar una decisión”.

Con el independentismo viene sucediendo lo mismo: mientras los no independentistas hemos estado callados parecía que no existía ningún problema, ahora que el órdago es un evite a la mayor y hemos dejado de estar callados ahora se visibiliza el problema de fractura social tanto en ámbito familiar y de amistades como en el laboral, pero el problema repito que ya existía y los signos eran evidentes: grupos de Whatsapp en que tras un comentario independentista había silencio, el callar cuando presumían de estelada, las reuniones de amigos en que había ausencias significativas, familiares que no podían venir a determinadas celebraciones, etc.

Pero además también estaban las administraciones y concretamente las del Estado que han hecho oídos sordos y miradas ciegas a lo que estaba sucediendo: incumplimiento reiterado de las leyes (incluido el Estatut) y sentencias judiciales, abandono de la función de inspección en educación, permisividad para hacer funciones que son exclusivas del Estado como relaciones internacionales, etc, etc, etc, ellos son los que no han querido ver la realidad para no tener que tomar una decisión.

Ahora ya ha saltado el problema, el que hace años que venimos denunciando y por el que nos han estado llamando de todo, desde fascistas a mentirosos pasando por el consabido de agoreros, agitadores, “el problema sois vosotros”, etc…

Ahora es necesario que después del 1-O nos sentemos todos a buscar la solución al problema, que no es como se puede hacer un referéndum, sino cómo pactamos un acuerdo de futuro que ilusione tanto a los que se sienten solo catalanes, a los que se sienten solo españoles y a los que nos sentimos catalanes y españoles a la vez.

¿Qué es difícil? Claro, pero por eso las personas que estén en esa mesa de negociación deben tener mentalidades abiertas y sentarse sin ningún tipo de prejuicios, pensando no en cómo hacer un referéndum sino en buscar una solución para todos sin imponer lo que a ellos y sus respectivos correligionarios les gustaría.

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