La intolerancia política en la Cataluña de Salvador Illa ha vuelto a hacer acto de presencia en Cataluña. El nuevo local del partido separatista Aliança Catalana en Berga (Barcelona) ha sufrido un grave ataque vandálico apenas unas horas después de ser inaugurado formalmente. Los radicales no han tardado ni un día en manifestar su rechazo de la única forma que conocen: el sabotaje y el destrozo del mobiliario urbano.
La formación que lidera la alcaldesa de Ripoll, Sílvia Orriols, había anunciado con entusiasmo la apertura de este espacio en la comarca del Berguedà. Curiosamente, el inmueble elegido albergó durante casi dos décadas al Casal Panxo, un colectivo históricamente vinculado a la izquierda independentista de la zona. El relevo del local parece haber sentado especialmente mal en las filas del extremismo local.
Los militantes de Aliança Catalana habían condicionado el espacio pintando la fachada con su color corporativo y colocando el letrero oficial de las siglas. Sin embargo, un grupo de desconocidos ha cubierto el frontal del edificio con pintura para ocultar los símbolos del partido. La acción demuestra, una vez más, el nulo respeto de ciertos sectores por el pluralismo democrático.
El vandalismo no se ha quedado en manchas de pintura sobre las paredes. En los muros del establecimiento ha aparecido una pintada en la que se leía la consigna «AC = españoles». Este hecho busca señalar al partido de Orriols dentro del complejo ecosistema del nacionalismo catalán más radical.
Los daños materiales colaterales también han afectado de forma directa a la actividad comercial de la zona. Según han denunciado desde la propia formación, los atacantes llegaron a vandalizar el negocio colindante, donde pintaron una diana decorativa. Esta señal de amenaza explícita evidencia el carácter totalitario y mafioso de quienes han ejecutado la acción nocturna.
La respuesta de los dirigentes de la formación en la comarca del Berguedà ha sido inmediata y contundente. Judit Vinyes, la candidata del partido en la localidad, ha lamentado que los radicales utilicen siempre las mismas tácticas degradantes para ensuciar el municipio. El desprecio por la propiedad privada sigue siendo la firma habitual de estos movimientos marginales.
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