Una conmemoración de los Juegos del 92 donde el español brilló por su ausencia

Un servidor se dirigió, junto con su familia, para asistir a la conmemoración de los Juegos Olímpicos de 1992 en Barcelona. Pertrechado con la bandera olímpica que presidió el balcón de mi casa hace 25 años, empezaron a mostrarse, en las dos pantallas gigantes instaladas, imágenes sacadas del recuerdo colectivo que refrescaban mi memoria cuarentona: erizaban mi vello, recordando la designación de Barcelona por J.A. Samaranch, la reacción de los ciudadanos por las calles, la participación de los voluntarios, la enorme revolución que causaba en nuestra mente abrirnos al mundo masivamente por primera vez.

Un rato después, empecé a escuchar la presentación en boca de su presentador. Y ahí me di cuenta de algo imperceptible para muchos: cómo pasó de usar el catalán, y cito textualmente, “to those who do not understand Catalan…”, y ahí empezó la traducción “dual”, por así decirlo, en inglés.

El español, castellano en lo políticamente correcto, brilló por su ausencia absoluta.

Mi primera reacción fue acercarme al escenario, donde me dirigí a uno de los encargados técnicos. Le comenté que me parecía extraño y sorprendente la ausencia del castellano. Me respondió que lo iba a preguntar al coordinador: entró dentro del perímetro vallado del escenario y desapareció. Diez minutos más tarde, sin respuesta en ningún sentido, volví a manifestarle la misma inquietud a su compañero, que hizo exactamente lo mismo: desaparecer dentro de la valla sin reaparecer.

Esperanzado de que se cumpliera el dicho de “a la tercera va la vencida”, me dirigí a la encargada de coordinar los voluntarios: fue la única en entrar y salir para confirmarme que lo había comentado. Pero solo me dijo que esperara. Pero esa espera cayó en saco roto.

Pues bien, como decía al principio: me acerqué para rememorar lo que hace 25 años se consiguió con el apoyo del mundo entero, pero sobre todo con las fuerzas sociales y partidos de toda España, Catalunya y Barcelona: sumando ilusiones, esfuerzos y recursos económicos. Sin recriminaciones, sin amenazas, sin comentarios despectivos o destilando complejos de superioridad o inferioridad por uno u otro lado. Simplemente el sumar, aunar fuerzas en algo tan maravilloso como los Juegos Olímpicos.

Como catalán y barcelonés siempre agradeceré a todas las administraciones que lo hicieron posible: el Gobierno Español, la Generalitat y el Ayuntamiento, con el dinero de todos los españoles para todos los españoles.

Recordaré el respeto que se demostró por todas las lenguas, por todos los iconos culturales. 

También rememoraré la apertura de Barcelona al mar, la última muralla pendiente por derribar; la construcción de las 3 rondas, llenando de oxígeno la ciudad; la ampliación del aeropuerto, situando nuestra ciudad en el mundo entero; la multiplicación de infraestructuras y medios de transporte públicos a niveles inimaginables. He aquí el resultado.

Y pensé luego, ¿dónde quedó el espíritu de respeto a las lenguas de hace 25 años?

Asistí, decía, con parte de mi familia de fuera de Cataluña, que no saben catalán y además, casi todos, como yo mismo, no sabemos o no dominamos el inglés.

Mi reacción fue irme: ¿de qué manera a los que no hablan catalán o inglés, siendo catalanes o del resto de España, se les reconoció en el acto? Un desprecio a mi familia, y a los no catalananoparlantes en general.

Lo que me encontré es un mal sabor de boca: este hecho, en apariencia pueril, es un resumen claro e hiriente de lo que fue, pero ya no es; de pasar de un equilibrio entre tres lenguas de hace 25 años a un monolingüismo barnizado de cosmopolitismo inglés con tal de difuminar el castellano.

Como decía Jorge Luis Borges, “hay que tener cuidado al elegir a los enemigos porque uno termina pareciéndose a ellos”. Pues eso…

P.D.: Salí de la plaza durante el discurso bilingüe CAT-ENG.

Posteriormente pude ver a Epi con la antorcha olímpica pasando entre la Unidad Montada de la Guardia Urbana de Barcelona. Coincidimos con un matrimonio de edad avanzada que también presumía de la bandera olímpica y nos hicimos una foto conjunta. Hablamos en catalán y castellano, y nos entendimos todos, como siempre, con respeto. Porque yo soy catalán y lo hablo, pero pienso en aquel que no.

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