La reciente reestructuración de la parrilla de RTVE ha reavivado las acusaciones de manipulación informativa a favor del Gobierno de Pedro Sánchez. Los últimos fichajes y los cambios en los espacios de opinión y entretenimiento responden a una estrategia para reforzar el relato del PSOE en la radiotelevisión pública. Esta percepción se ha intensificado tras la incorporación de Gonzalo Miró, conocido por su cercanía ideológica al socialismo, a la plantilla de colaboradores de la cadena.
La periodista Rebeca Argudo publicó en ABC un artículo en el que relataba su experiencia al dedicar un día entero a visionar los principales contenidos de TVE. Su conclusión fue tajante: detectó una notable uniformidad en el enfoque editorial, con mensajes que favorecen sistemáticamente al Ejecutivo y desdibujan cualquier crítica de peso. Argudo advertía de que este sesgo informativo no solo se percibe en los espacios de análisis político, sino que se ha infiltrado en prácticamente todos los géneros de la parrilla.
Entre los nombres que más controversia generan se encuentran Silvia Intxaurrondo, Javier Ruiz, Marta Flitch y Xabier Fortes. Estos presentadores y periodistas han sido señalados repetidamente por su tono condescendiente hacia el Gobierno y su actitud combativa frente a voces de la oposición. Críticos de RTVE denuncian que, bajo la apariencia de pluralidad, sus programas terminan construyendo un discurso homogéneo que encaja con los intereses del PSOE.
El fichaje de Gonzalo Miró es un paso más en esa dirección. Su presencia en tertulias de corte político y su historial de opiniones próximas al socialismo alimentan la percepción de que RTVE ha priorizado perfiles afines al Gobierno frente a profesionales independientes o críticos. Este movimiento ha sido visto como un intento de reforzar el relato gubernamental en franjas de máxima audiencia.
Incluso el terreno del entretenimiento, en teoría ajeno a la contienda política, no parece escapar de este sesgo. David Broncano, cuya llegada a TVE fue presentada como un revulsivo para captar a la audiencia joven, ha sido acusado de ridiculizar de forma recurrente a la mitad de la población española que no vota ni votará al PSOE. Sus bromas y comentarios, aunque envueltos en un tono humorístico, son percibidos por algunos como ataques velados a quienes disienten del actual Gobierno.
La falta de contrapesos visibles en los debates y la repetición de mensajes favorables al Ejecutivo alimentan la sensación de que la televisión pública ha perdido su neutralidad editorial. Argudo apuntaba en su artículo que este clima de unanimidad forzada termina erosionando la credibilidad del ente.
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