En esta semana, la SEPI salta por los aires. Su presidenta, imputada, y otras 25 personas más, por presuntos amaños en empresas públicas. La directora general de la Agencia Tributaria y otros dos altos directivos dimiten. Ayer jueves fueron imputados la directora general de la Guardia Civil y el general con mayor responsabilidad en la cúpula. Asimismo, el juez Pedraz llama a declarar a dos fiscales que se reunieron con Leire Díez en la Fiscalía.
La semana pasada, el miércoles en el Congreso, el jefe del Gobierno no asumió ninguna responsabilidad por la corrupción asfixiante. Ese mismo lunes, su ministro y persona de máxima confianza fue condenado a 24 años. Al día siguiente, jueves, el Congreso aprobó por mayoría que se presentara una cuestión de confianza o que se convocaran elecciones y dimitiera. La contestación fue una sonrisa hilarante y esquizofrénica, en desconexión emocional con la realidad, inmotivada, tensa y fuera de contexto, mientras aplaudía a su grupo, que respondía de igual manera, cual secta bien instruida. Experiencias que deben de formar parte del manual del buen conocedor de los comportamientos de los lupanares familiares.
Una imagen demoledora, unida a la de esta semana, con el gran conglomerado empresarial del Estado saltando por los aires, Hacienda absolutamente señalada por ayudar al Gobierno y la Guardia Civil demolida en su cúpula más alta y deshonrada por culpa de su directora y del general de mayor responsabilidad, mientras el ministro del Interior miente vergonzosamente en sus explicaciones.
¿Podemos imaginar que los más altos responsables del cuerpo policial homólogo de Francia, Alemania, Portugal o Italia, tanto a nivel político como operativo, fueran imputados en esas naciones por traicionar al Estado y confabularse con delincuentes? ¿Y que, asimismo, tuviera que dimitir el máximo responsable de la Hacienda de esos países, mientras el grupo empresarial público más importante de esas naciones apareciera, de un día para otro, imputado al más alto nivel y también lo estuvieran sus predecesores? Es absolutamente inimaginable en esos países y, de ocurrir, quienes dimitirían de inmediato no serían solo esos máximos cargos, sino también el ministro del Interior y, por la gravedad especialmente inasumible ante la multiplicación de hechos inadmisibles, el propio jefe del Gobierno, tras una crisis institucional sin precedentes y descubierta simultáneamente en muchas áreas clave del Ejecutivo.
Es la sublimación de la más lacerante desvergüenza que ocurra todo esto y, en el caso de la Guardia Civil, pesa todavía más, si cabe, la deshonra de un general y el hecho de obstruir a la Justicia quienes tienen como única obligación ayudar siempre a la Justicia, actuando, sin embargo, de una manera muy distinta para hacer desaparecer los encausamientos en los que está inmerso todo el entorno del presidente del Gobierno.
La Guardia Civil está absolutamente avergonzada de sus más altos responsables, pero su honor es permanente y es lo primero, y no va a aceptar jamás esta ignominia.
Este Gobierno, que existe gracias a la compra corrupta de siete votos a unos golpistas que obtienen una autoamnistía a la medida y a otros tantos comprados al partido cuyo jefe es un terrorista, no puede permanecer un segundo más siendo el ejemplo mundial de la más absoluta deshonra e inmoralidad y de la más absoluta falta de principios y convicciones democráticas.
Pero, además, es un Gobierno saturado de corrupción y su situación es inasumible. Es una auténtica depravación en todos los órdenes y la denuncia de España como una nación corrupta que ataca frontalmente la democracia, por parte de los medios de comunicación internacionales, no puede continuar aumentando la indignidad hasta el infinito y convirtiéndose en algo imposible de asumir en Europa.
Amalio de Marichalar. Conde de Ripalda. Soria, 3 de julio de 2026
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