
Si hace unas semanas, los talibanes lingüísticos, vandalizaban y atacaban una heladería en Barcelona (“Dellaostia”) por atender en castellano; hace unos días la Associació Acció pel Català (AAC) señalaba y denunciaba al café restaurante “Miracle” de Tarragona, situado en el n.º 3-B de la Rambla Nova, junto al Balcón del Mediterráneo, por no tener rotulados los carteles y la carta en catalán.

Pero la respuesta del propietario del establecimiento a dicha denuncia no se ha hecho esperar y se ha vuelto viral: “Llama a Puigdemont que venga a rotulármela”. Dicha respuesta, ha recibido, en redes sociales, duras críticas por parte de los totalitarios del catalán que no paran, con la complicidad de los socialistas, de apretar las tuercas para imponer su uso.

Por otro lado ha recibido el apoyo y la solidaridad de los no nacionalistas, más que hastiados de unas imposiciones lingüísticas que no cesan y de una total falta de libertad. Por ejemplo, Javier Allué decía en X: “Ya estamos como siempre con la misma banda… yo en mi despacho pongo el cartel como a mi me da la gana. Y nadie me tiene que decir como pongo mi rótulo…”.

En Cataluña, desde hace más de 45 años, son constantes y múltiples las campañas de las entidades nacionalistas en defensa del sacrosanto dogma de imponer “Una sola llengua”, Poco parece importarles que tras casi medio siglo, las políticas de imposición han terminado por hacer para muchos que el catalán sea una lengua cada vez más áspera y su uso en la calle, entre los ciudadanos, esté retrocediendo año, tras año. El español es la lengua habitual del 56,7% de los ciudadanos de Cataluña (según datos de la propia Generalitat) y es la preferida por dos terceras partes de los jóvenes. Lamentablemente están convirtiendo el catalán en la antipática lengua del poder.
Según datos del balance anual 2024 de la Agència Catalana del Consum (ACC), el Govern de la Generalitat (presidido Illa y el PSC) impuso sanciones a 206 establecimientos por no usar el catalán en rotulación o atención, recaudando por ello casi 410.000 euros.
Por otro lado, son ellos los que incumplen reiteradamente las leyes y las sentencias judiciales. Por ejemplo, las reiteradas sentencias judiciales del TSJC que exigen un mínimo del 25% de la enseñanza en castellano en Cataluña se incumplen, incluso la Generalitat aprobó un Decreto en 2022 para frenar o dificultar la aplicación de dicho porcentaje.
La bandera española no está presente, como manda la Ley, en la fachada del 83% de los ayuntamientos e instituciones públicas de Cataluña, muchos de esos gobernados por los socialistas. En fin, no paramos de constatar como separatismo y fanatismo van de la mano y para lograr sus fines no se cansan de amenazar, multar y enseñarnos la puerta de salida a los que no compartimos su totalitaria doctrina.
Salvador Caamaño Morado (presidente de la Coordinadora de la Resistencia Cívica de TGN)
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