El RCD Espanyol ha comenzado la temporada con paso firme y una ilusión renovada. En las tres primeras jornadas de liga, el conjunto blanquiazul ha sumado siete puntos de nueve posibles, situándose en la parte alta de la clasificación y demostrando que este curso quiere ser protagonista. La afición, exigente y fiel, empieza a soñar con una campaña en la que la regularidad y la ambición sean las señas de identidad.
Gran parte de este impulso tiene un nombre propio: Manolo González. El técnico ha conseguido imprimir carácter y garra a un equipo que en temporadas anteriores acusaba la falta de continuidad. Ahora el Espanyol compite cada minuto, no baja los brazos y transmite la sensación de ser un bloque unido y comprometido. La solidez mental y la intensidad en el juego se han convertido en la marca registrada del entrenador.
El vestuario ha respondido con creces a esa exigencia. Jugadores como Dolan han asumido un papel protagonista en el apartado ofensivo, aportando creatividad y llegada al área rival. Su visión de juego y capacidad para desequilibrar se han convertido en un arma fundamental para abrir partidos atascados y dar soluciones en ataque. La afición celebra cada acción suya, sabiendo que es un futbolista capaz de cambiar el rumbo de un encuentro.
En la retaguardia, Leandro Cabrera ha sido un auténtico muro. Su liderazgo defensivo, su contundencia en los duelos y su seguridad en el juego aéreo han dado al equipo la estabilidad necesaria para crecer desde atrás. La defensa del Espanyol, que en otras temporadas fue motivo de preocupación, ahora transmite confianza y orden gracias al papel del central uruguayo. Y Calero también está rindiendo a un gran nivel, junto a un Omar superlativo y muy enchufado.
La portería, por su parte, está en buenas manos. Dmitrovic ha sido decisivo en momentos clave, con intervenciones que han evitado que los rivales se metieran en el partido. Su experiencia y temple han reforzado la estructura defensiva y le han dado al Espanyol esa tranquilidad imprescindible para que los atacantes jueguen con menos presión. Cada parada suya refuerza el espíritu competitivo del grupo.
Otro de los nombres destacados es Carlos Romero. El joven futbolista se ha ganado un lugar importante en el once con actuaciones llenas de frescura y descaro. Romero ha dado aire nuevo a la banda y se ha convertido en uno de los favoritos de la afición. Además, sabe marcar goles decisivos, como hizo el año pasado contra el Real Madrid y este domingo frente a Osasuna.
El balance de este inicio de temporada no puede ser más positivo. Siete puntos de nueve posibles son un botín que invita al optimismo, pero más allá de los números, lo que entusiasma al espanyolismo es la sensación de que el equipo tiene identidad. La garra, el compromiso y la calidad individual están dando como resultado un fútbol atractivo y eficaz.
Y en Cornellà se empieza a sentir algo especial: la certeza de que este Espanyol tiene alma de guerrero y corazón de campeón. Manolo González ha encendido una chispa que se refleja en cada balón dividido, en cada parada de Dmitrovic, en cada carrera de Romero, en cada gol. La hinchada lo sabe y lo vive con pasión. Porque este Espanyol no solo juega al fútbol: este Espanyol pelea por un sueño.
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