Habiéndolo negado al menos tres veces la pasada semana (esto me suena…), el presidente Sánchez nos ha “sorprendido” este sábado con una crisis de gobierno que es toda una catarsis del propio sanchismo. Casi ni uno de los que le habían apoyado desde el principio y se habían quemado como sus fieles porteadores ha salido airoso de esta escabechina.
Nos habían vendido un pretendido gobierno de los mejores, que no ha sido realmente mas que una arrolladora maquinaria de propaganda, y que aún así ha sido incapaz de ocultar la realidad de una errática gestión y de la acumulación de errores y despropósitos.
Este cambio de giro representa una ruptura total con los dos años de legislatura, salvando la alianza con Podemos, con unos nuevos perfiles ministeriales muy diferentes a los cesados. Este perfil se caracteriza por edad alrededor de 45 años, mujer, alcaldesa de municipios medianos o muy pegados al territorio, poca experiencia de la cartera ministerial a la que se enfrentan (con algunas excepciones), pero sobre todo, perfil de posibles futuras delfines de sus autonomías.
Esta última característica es el denominador común de casi todas las nuevas ministras, que todas ellas se distribuyen entre los feudos regionales más significativos hoy por hoy para la supervivencia del PSOE: Cataluña (Raquel Sánchez), Madrid (Pilar Llop), Comunidad Valenciana (Diana Morant), Aragón (Pilar Alegría) y Castilla La Mancha (Isabel Rodríguez).
Este es el elemento común del cambio realizado. Rompe con el equipo que hoy por hoy le llevaba a una muy previsible debacle electoral, siguiendo la senda del 4M en Madrid, y posiciona futuros recambios para liderazgos regionales del PSOE, con dos efectos paralelos. Por una parte dispone de afines dirigidos desde Moncloa para poder taponar las críticas internas que le surjan en la medida que se aproximen las elecciones autonómicas y municipales de 2023 (más “efectos Illa” en ciernes si llega el caso). Y en paralelo, prepara la cantera del PSOE para su pase a oposición a final de esta legislatura y que el partido, tras el fin del sanchismo, no se deshilache y se hunda como ha estado sucediendo con todos los partidos socialistas europeos en los años recientes.
La estrategia de Sánchez parece dibujada, aguantar en la Moncloa todo el tiempo posible, esperando si la recuperación económica, dudosa, le hace remontar en las encuestas, o al menos salvar los muebles y, ante las malas previsiones, nos ser finalmente recordado como el secretario general que hizo desaparecer al PSOE tras 150 años de historia. Que sería un triste final para quien lo pretendió ser todo en todo momento.
En resumidas cuentas, una crisis de gobierno para preparar al PSOE para la vuelta a la oposición. Y parece que Sánchez ya lo sabe.
Jorge Fernández-Argüelles. Managing Director Corporate Intelligence Partners
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