TV3 siempre ha sido una televisión nacionalista desde su fundación en 1984, pero en los últimos años se ha tirado al monte y se ha convertido directamente en una maquinaria de propaganda separatista, sufragada generosamente con fondos públicos.
Esta cadena es la principal herramienta de cohesión de las filas secesionistas, que reciben cada día su ración de consignas desde los estudios centrales de Sant Joan Despí. Por supuesto, TV3 cuenta con el apoyo explícito o implícito de un universo de medios bien regados con dinero público, vía presupuestos o propaganda institucional, como Catalunya Ràdio o RAC1.
TV3 y la cadena de radio de la Generalitat, Catalunya Ràdio, gozan de cierta impunidad gracias a la red de apoyo que el secesionismo ha tejido alrededor suyo. Y es que el separatismo ha tejido una red de complicidades que hace casi imposible cuestionar, desde el nacionalismo catalán, el actual papel de los medios de comunicación de la Generalitat.
De entrada, porque buena parte de los periodistas con peso en los grandes medios catalanes no solo son también independentistas, sino que además forman, han formado o aspiran a formar parte de la parrilla de TV3.
TV3 no cambiará, y seguirá siendo una herramienta a favor de la división entre catalanes y de propagación de rencor hacia el resto de España, mientras la red de complicidades que el secesionismo ha tejido alrededor suyo siga siendo poderosa.
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