A pesar de la alianza de Junts en el Congreso con el PSOE – esta misma semana los votos de los de Puigdemont tumbaron una propuesta de VOX apoyada por el PP contra el uso público del burka y el niqab – Jordi Turull ha acusado a PSC y ERC de «sucursalismo».
El secretario general de Junts ha aprovechado el consejo nacional de su formación en Vilanova i la Geltrú para intentar disimular y hacer como que marca distancias con sus socios. Turull rechaza de plano la creación de un consorcio de inversiones, la última oferta que ERC baraja para salvar los muebles ante el Gobierno central.
Para Junts, la solución no pasa por crear nuevos organismos administrativos que dilaten los pagos pendientes del Estado. Turull exige que el Gobierno de Pedro Sánchez emita un «cheque directo» a la Generalitat con las cantidades adeudadas por la baja ejecución presupuestaria.
El dirigente postconvergente ha reivindicado a su partido como el único representante de un «independentismo positivo y transversal». Frente a las dudas y las negociaciones a puerta cerrada de los republicanos, Turull saca pecho de la cohesión interna de Junts. El informe de gestión de la cúpula ha sido ratificado con un abrumador 99,12% de los votos, enviando un mensaje de fuerza y unidad.
La crítica de Turull llega horas después de que Oriol Junqueras bloqueara las cuentas catalanas. El líder de Junts considera que la parálisis actual es fruto de la debilidad de un bloque de izquierdas que no cumple lo prometido. Según su análisis, Cataluña atraviesa un momento trascendente de deterioro porque las instituciones no han sabido estar a la altura de las necesidades del país.
Turull ha afirmado con ironía que Salvador Illa «continúa de baja» tras su reciente reincorporación a la actividad política. Para el sector de centroderecha independentista, el PSC actúa como una mera sucursal de Madrid, incapaz de defender con firmeza los intereses de los catalanes.
Desde Junts se insiste en que Cataluña «no ha ido bien» bajo la influencia de las políticas de la izquierda. Turull advierte que no hay margen para el relax porque el trabajo acumulado por los incumplimientos estatales es inabarcable. El tono del discurso busca movilizar a una base electoral que se siente engañada por los sucesivos pactos de investidura en el Congreso.
La negativa de Turull a aceptar el consorcio de inversiones es un dardo directo a la línea de flotación de las negociaciones entre Junqueras y Sánchez. Si ERC decide finalmente ceder en el IRPF a cambio de este consorcio, Junts lo utilizará como prueba de la «capitulación» republicana. La política catalana se convierte así en una subasta de agravios donde el pragmatismo brilla por su ausencia.
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