Después del 1714: economía

Desde hace tiempo se ha tergiversado la historia ocurrida en Cataluña y más concretamente el episodio de la guerra de Sucesión -y no de Secesión, como pretenden algunos-. También está de moda olvidar que existió la Corona de Aragón, reconvertida hoy en día en Corona Catalano-aragonesa. La segunda nunca existió aunque algunos insistan en ello. Otro tema es el Decreto de Nueva Planta. Otros temas están relacionados con la evolución de Cataluña con Felipe V. No se habla de ellos. Mejor dicho, se comenta que desde 1714 Cataluña ha estado esclavizada a España. Esta gran mentira se desmonta por sí sola. Con o sin Felipe V, la evolución o desarrollo económico, político y social continuó al mismo ritmo que con los Austriaa. Si Cataluña hubiera querido ser independiente lo hubiera sido hace muchos años, no ahora. La realidad es que nunca lo ha querido ser. Por eso hoy empezamos esta colección de artículos para explicar qué pasó después del 1714 en vertientes tan distintas como la económica, cotidiana, política o religiosa en este amado Principado para muchos no secesionistas.

Empecemos haciéndonos una serie de preguntas: ¿la guerra de Sucesión supuso un gran perjuicio económico para Cataluña? Dicho de otra manera, ¿qué consecuencias económicas tuvo la guerra de Sucesión? Recordemos que una parte de Barcelona fue destruida para construir la Ciudadela y, según algunos, la opresión borbónica fue funesta. Vamos a sorprendernos un poco.

Para conocer la debacle o no económica de Cataluña tras la guerra de Sucesión es menester conocer qué fue el Decreto de Nueva Planta. Éste supuso la implantación de un Estado absolutista, centralista y uniformista, a imagen de Francia. No sé aplicó exclusivamente en la abolida Corona de Aragón. El Decreto se implantó en toda España, aunque no siempre de la misma manera como veremos. En cierta manera se puede resumir que la mayor o menor implantación del Decreto estriba en el hecho de haber obedecido a no el testamento de Carlos II. Dicho de otra manera, aceptar o no a Felipe V como rey de España.

Se unificaron las formas de gobierno en todos los territorios con la implantación de un corpus jurídico común. Se eliminaron los privilegios de extranjería. Esto es, no existía distinción entre los habitantes de toda España, eliminándose las fronteras y aduanas interiores. Se crearon nuevas instituciones de gobierno. A todo esto se debe añadir unos criterios, por los cuales, el poder supremo estaba en el Rey; el sometimiento a un ordenamiento jurídico; se mantuvieron las divisiones, instituciones y nombres tradicionales; se reformaron las reales audiencias tomando como base la legislación castellana.

Todo esto se concretó en la desaparición de los antiguos reinos -excepto Navarra- y la división de España en provincias. Salvo en Navarra, el Consejo de Castilla asumió todas las tareas de gobierno. Se integraron en las Cortes de Castilla miembros de Aragón, Valencia, Cataluña y Mallorca. Se anularon todos los usos y costumbres y derechos particulares, aplicándose y unificándose el derecho común y el derecho procesal. Y se estableció el castellano como única lengua administrativa, menos el euskera en la Sala de Vizcaya de la Audiencia de Valladolid.

El hecho diferencial de Navarra y País Vasco se debe a que, desde el primer momento, obedecieron el testamento de Carlos II y reconocieron a Felipe V, a diferencia de Cataluña que se hizo austricista.

Como vemos, el Decreto de Nueva Planta estableció un nuevo régimen jurídico y una transformación territorial, pero no económica. Por lo tanto, la política de Felipe V ni mejoró ni anuló la economía existente en la época de la Casa de Austria. Así pues, volvamos a preguntarnos lo siguiente: ¿qué consecuencias económicas tuvo la guerra de Sucesión en Cataluña?

Una de las primeras acciones que llevó a término el nuevo status político, al finalizar la guerra de Sucesión, fue construir una ciudadela de defensa. Su intención era mejorar la defensa de aquella plaza militar y controlar militarmente la ciudad. Recordemos que era una plaza rebelde por no aceptar la decisión testamental de Carlos II con respecto a Felipe V. Aquella parte de la ciudad, que se conocía como el barrio de la Ribera, quedó muy dañado por la guerra. Ahí tuvieron lugar los últimos enfrentamientos en septiembre del 1714. Algunos de los vecinos decidieron reconstruir algunas casas. Su trabajo fue estéril. La orden real era tirar al suelo una parte muy importante de aquel barrio. Al suelo fueron a parar los conventos de Santa Clara, San Agustín y de los Clérigos menores; el Hospital de Santa Marta; la Iglesia de Santa Eulàlia del Camp; la Capilla de Montserrat; la Cofradía y Capilla del Santo Espíritu; y mil casas vecinales. Todo este patrimonio urbano fue derribado para poder construir la Ciudadela.

En el barrio de la Ribera había una importante red industrial. Y es lógico, pues se construyó alrededor del Rec Comtal -red hidráulica abastecedora de agua para la ciudad- y por lo tanto fuente natural de desarrollo industrial desde la Edad Media. Como consecuencia de la construcción de la Ciudadela desaparecieron hostales, tabernas, curtidores, cordeleros, carniceros, marineros, calafates, arrieros, revendedores de pesa salada, pescaderos, desolladores, comercios vinculados con el mercado del Born y trabajadores portuarios. El barrio de la Ribera era un centro neurálgico de aquella Barcelona -siendo la plaza del Born como una plaza mayor- y parecía que, con su destrucción, la economía barcelonesa se hundiría. Algunos pretendieron crear nuevos barrios donde reubicar a todas aquellas personas que habían perdido su hogar. Se pensó en la zona de la playa y en el Raval. Nada de todo esto prosperó. ¿Por qué?

La estructura económica barcelonesa y catalana estaba muy bien organizada. Aquel contratiempo de la Ciudadela supuso un golpe -no lo negaremos-, pero en poco tiempo fue absorbido por la propia sociedad catalana. ¿Cómo se estructuraba y funcionaba la organización económica barcelonesa y, en su defecto, la catalana?

Para poderlo entender debemos trasladarnos al periodo que comprende los años 1550 al 1640. Durante este tiempo la ciudad de Barcelona se diversificó. Dicho de otra manera, se descentralizó el comercio y la industria, convirtiéndose Barcelona en un centro de recepción de mercancías y distribución de las mismas vía terrestre y marítima. En resumen, se puede asegurar que todas las poblaciones distantes no más de 50 kilómetros de Barcelona crecieron demográfica y económicamente. Por otra parte, aquellas poblaciones más alejadas perdieron demografía y no evolucionaron económicamente en la misma proporción. Por poner ejemplos. Mientras crecieron Mataró, Sitges, Moià, Sabadell o Santpedor, decrecieron Puigcerdà, Banyoles, Roses, Lleida, Riudoms o Besalú. Hubo un caso específico que explicaremos más adelante que rompe esta norma.

Barcelona se convirtió en el centro donde se coordinaba la producción que se fabricaba en las otras poblaciones. Así, pueblos costeros como Arenys de Mar, Pineda de Mar, Mataró o Sitges se dedicaron al transporte de mercaderías a países de ultramar o del sur de la Península. En Mataró se fabricaba vidrio que luego se vendía a Castilla o al extranjero. La calidad del vidrio de Barcelona -como se le conocía- tenía la misma fama y calidad que el fabricado en la isla de Murano (Venecia). En Vic y los dos Valleses se extendió la fabricación textil y sus derivados. Lo mismo ocurrió en Villafranca del Penedés, Igualada, Manresa, Terrassa, Sabadell, Olesa, Monistrol, entre otras, con el textil. Por su parte -y esta es la excepción que comentábamos anteriormente- toda la zona de Ripoll se especializó en la extracción del hierro y en la fabricación de llaves y armas de fuego.

Como hemos visto tenemos a Barcelona como centro coordinador de la producción y, para que esto funcionara como la maquinaria de un reloj, se tuvo que estructurar una amplia red de transporte. Es decir, una línea de Ripoll a Barcelona, de Manersa a Barcelona, de los Valleses a Barcelona… Con lo cual se articuló el territorio y no importaba dónde se produjera cualquier producto, en horas se llegaba a Barcelona y, de ahí, se exportaba por tierra y por mar.

Por eso, cuando finalizó la guerra de Sucesión, no fue demasiado traumática la recolocación de todas las personas que se habían quedado sin casa y que se trasladaron a todas estas poblaciones cercanas a Barcelona para poder continuar con sus oficios. De ahí que no fueran a la zona de la playa o al Raval. Estos nuevos barrios no formaban parte de la articulación económica territorial. Con lo cual prefirieron inmigrar y crecer económicamente.

El final de la guerra de Sucesión no fue traumático para la economía no sólo de Barcelona sino de Cataluña, porque llevaban más de un siglo implantando un sistema económico diferente y revolucionario. Cataluña, con Barcelona en su epicentro, funcionaba como una unidad. De ahí que la población afectada por la Ciudadela pudiera recolocarse en otras poblaciones y de ahí el aumento demográfico -si lo comparamos con Castilla- en las zonas industrializadas. Muchos municipios catalanes doblaban en población a los castellanos.

En resumen, desde el 1550 Cataluña se articuló económicamente para convertirse en una unidad. Una organización moderna y revolucionaria para aquella época. Si terrible puede ser una guerra y sus consecuencias, no lo fue así para Barcelona y, en su defecto, para Cataluña. A pesar de la pérdida de lugares de trabajo, estos se recolocaron en otros municipios y se recuperó la estructura productiva del país. Por lo tanto, las bases sólidas de la economía beneficiaron el progreso y mantuvieron su status quo a pesar del cambio monárquico y de los cambios que se realizaron con la implantación del Decreto de Nueva Planta. En los siguientes artículos nos sorprenderán más cosas.

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