Avui des del Fossar de les Moreres, davant de centenars de militants i simpatitzants d’Aliança Catalana @orriolsderipoll ha dit clar i català:
“Nosaltres no anem a Ítaca.
Ni a Suïssa. Ni a Waterloo.Nosaltres anem de dret a una Catalunya lliure, pròspera, segura i occidental.”… pic.twitter.com/2sh4Ad3IhJ
— Aliança Catalana (@CatalunyaAC) September 10, 2026
El simbólico para el separatismo Fossar de les Moreres de Barcelona acogió esta tarde un acto de Aliança Catalana marcado por una extrema tensión y un despliegue policial sin precedentes. La formación de Sílvia Orriols logró celebrar su convocatoria, pero evidenció la profunda fractura social que padece Cataluña.
La pretendida unidad del independentismo quedó totalmente desacreditada ante la manifiesta animadversión entre los diferentes bloques soberanistas. Mientras la izquierda radical exhibía músculo en las calles adyacentes, quedó patente que los extremos ideológicos solo comparten el uso de la estelada. Desde primeras horas de la tarde, la zona quedó blindada por los Mossos d’Esquadra para evitar enfrentamientos directos. Solo los simpatizantes acreditados y los medios de comunicación pudieron acceder al recinto tras superar rigurosos controles de seguridad.
Sílvia Orriols hizo su aparición rodeada de expectación y entre vítores de sus seguidores, que la aclamaron como presidenta. La líder ultraderechista aprovechó el mitin para cargar con dureza contra el fallido «procés» y las viejas estructuras del nacionalismo convergente. El acto no estuvo exento de incidentes en su interior, donde tres agitadores infiltrados lograron lanzar pintura contra los cordones de seguridad privados. A pesar de estas provocaciones puntuales, la intervención de los organizadores evitó males mayores durante los breves discursos.
En el exterior, la izquierda independentista, respaldada por sindicatos y colectivos anticapitalistas, concentró a una masa considerable de manifestantes. Los gritos y las consignas contra la extrema derecha resonaron con fuerza alrededor del perímetro policial establecido. La tensión acumulada desembocó en momentos de violencia callejera cuando pequeños grupos desafiaron la línea policial. Los agentes antidisturbios respondieron con cargas de porra para contener la presión de los concentrados y restablecer el orden público.
El balance final de la jornada refleja un escenario de absoluta insatisfacción para todas las partes implicadas en el conflicto. La deriva radical de la política catalana demuestra una preocupante incapacidad institucional para garantizar la convivencia pacífica en la calle. La salida del acto se convirtió en otro punto crítico cuando los manifestantes contrarios intentaron bloquear el acceso a los autocares. Los congregados lanzaron objetos contra la comitiva de Aliança Catalana mientras la tensión volvía a dispararse peligrosamente.
Los Mossos d’Esquadra tuvieron que intervenir de nuevo con contundencia, practicando detenciones y cargas adicionales para asegurar la retirada de Orriols. Una tarde más, el espacio público catalán quedó secuestrado por la confrontación ideológica y la incapacidad de gestión del orden.
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