Taxi vs VTC

Da toda la impresión de que, en lo relativo a la crisis del transporte y el follón entre taxistas y las plataformas VTC, se piensa en todo menos en el enfoque del pagador del servicio, el cliente. Cuando, por encima de todo, el criterio que realmente debería primar es la satisfacción del usuario.

Lo que sí parece evidente es que el surrealismo está alcanzando un protagonismo exagerado, siendo noticia cabecera a diario y dando una imagen ante el mundo que es muy desalentadora. Máxime sí, como recalcan en muchos informativos televisivos al hablar del tema, la comparativa entre la flota de unos y otros en diferentes ciudades del mundo deja en evidencia, al hablar de España, una postura de cierta prepotencia del taxi de toda la vida.

De verdad que desde fuera, sin tener en cuenta costes especulativos de licencias, temas fiscales, laborales o empresariales, en los que no entro, aparenta que la cohabitación es la mejor solución, siempre que ésta esté ordenada y regulada legalmente, sin criterios abusivos en favor de ninguna de las partes y aceptados por ambos colectivos. Pero, en todo caso, pensadas en favor del cliente que es soberano para elegir libremente al proveedor.

Si algo debemos tener claro es que, a tenor de la situación económica y la implicación en el empleo, no estamos en un contexto favorable para permitirnos la extinción de miles de puestos de trabajo por verse perjudicados ante decisiones desmarcadas de la economía de mercado y la competencia.

La convivencia de ambos colectivos en un hábitat que, en la actualidad, se asemeja cada vez más a “la ley de la selva”, con frecuentes escenas de violencia acaparando los tiempos de amarillismo informativo, deja mucho que desear. Y desconozco si tiene sentido, o sencillamente es así, pero normalmente se informa de ataques en contra de vehículos que podríamos encuadrar en uno de los dos lotes, es decir, significa como violentos a los otros.

Hemos de tener en cuenta que todo evoluciona con el tiempo y a veces nos puede ser más operativo un tipo de servicio u otro. Sencillamente debemos tener la posibilidad de elegir libremente, según nos interese a los clientes y nos vaya mejor, como pasa en muchos otros puntos del mundo.

Quizás en un contexto de acuerdo global y compartición se podría lograr un mayor uso y más mercado potencial. Reajustando tarifas y precios para hacerlo más atractivo, potenciando su uso alternativo al del coche particular, poniendo en valor la elusión del engorro que supone la búsqueda de aparcamiento, el elevado coste de estacionamiento en párking o los inconvenientes ante posibles soplidos en controles, se podría educar a la ciudadanía para lograr que el uso de dicho servicio se incrementase.

Pensemos que, por ejemplo, en España no dispondríamos de una planta de más de 50 millones de móviles si no existiese libre competencia en el sector de las telecomunicaciones. Y, con todos esos móviles en servicio, incluso con más de uno por habitante, la mayoría de empresas suelen estar en beneficios. Con esto vengo a decir que el libre mercado competitivo ha supuesto crecimiento económico, más empleo, mejores servicios, desarrollo de infraestructuras y tecnologías, ajuste en precios y, muy importante, la universalización del uso de la telefonía móvil.

No puedo acabar sin decir que, en mi interpretación de los hechos no ha obrado a favor el ver como el sector del taxi tradicional rendía pleitesía y visitaba en comitiva al fugado de Waterloo. Solo ver un taxi de Barcelona en la puerta de la mansión de la vergüenza te puede posicionar en contra de dicho colectivo. Yo he intentado evitar esa conclusión precipitada, pero conociéndome igual no lo he conseguido del todo. Es difícil que pase desapercibido el malestar ocasionado al ver a taxistas haciendo el ridículo con el principal clown de dicho circo.

Ir a babear y ser noticia por visitar a fugitivos que se han saltado la legalidad vigente es una deshonra para el sector. Deberían tener en cuenta que este tipo al que han ido a visitar, cuando ha usado el coche últimamente, lo ha hecho como los perros cuando te los llevas de viaje, apretujados y agazapados en el maletero.

Las instituciones y los responsables políticos de verdad, es decir, obviando los anclados en la paranoia que no pintan nada, no pueden ni deben olvidarse de sus responsabilidades, siendo necesario que se impliquen en el logro de soluciones, con neutralidad y poniendo como objetivo la satisfacción.

Javier Megino


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