Macron dijo “referéndum” y al otro lado de los Pirineos empezaron a babear. No pierdan el tiempo, no hay comparación posible entre Francia y España. Cualquier descentralización que se presente desde París dejará la educación, sobre todo, y los aspectos comunes, seguro, en manos de la Asamblea Nacional y el Elíseo, nunca en los caciques departamentales o regionales.
Por eso, una manifestación como la del domingo en Barcelona es impensable en Marsella o Lyon, por ejemplo. Ya no digamos en París. Sorprende que la defensa del statu quo (la ley, la democracia) reúna a tanta gente en España. ¿Qué más da si fueron 300.000 personas, como dice Societat Civil Catalana, o 50.000, como asegura la Guardia Urbana? Hay pocos lugares de Europa comparables. ¿Polonia, quizás?
Así, la cuestión a resolver no es si cabe una amnistía en la Constitución, si esta debe aprobarse por el único motivo real de privatizar (Sánchez) los intereses comunes, y si, estirando el texto de 1978, se puede romper la comunidad política a gusto de una parte (nacionalistas). El referéndum, vamos. Más allá de estas locuras hispanas, lo que uno se pregunta es: ¿cuántos socialistas salieron a la calle?
Sánchez seguirá en La Moncloa porque no tiene alternativa personal y política. Punto. Cederá a todo lo que le pida Puigdemont. Punto y coma. Y Junqueras. Puntos suspensivos. Creo que estos no se creen que el socialista pueda darles tantas cosas (no solo de trenes vive el hombre) y les tiemblan las piernas. Pero nunca estuvieron tan cerca.
Dice un tal Bolaños que la culpa de la situación de crispación política es del PP (que se viste con minifalda, claro), que no supo gestionar lo del 2017 y que el PSOE está siempre con el diálogo. ¡Qué bien estamos ahora y no hace seis años! Lo que pasa es que los socialistas, simplemente, se han rendido. ¡Así también habría paz en Jerusalén! Pero no judíos.
No habrá solución en España mientras el PSOE exista. En realidad, si el PSC desapareciera se podría intentar. Por última vez. Y salvar alguna letra. Pero con la perspectiva de los 1.035 kilómetros de distancia que me da la vida, los socialistas harían bien en mutar de siglas. Dicen que hay algo que se llama El Jacobino.
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