El significado de la política

Cuando hablamos de la situación política actual en Cataluña un sentimiento de agotamiento se desprende de la gran mayoría de la población catalana que, mezclada con el miedo a expresar una opinión disidente a la institucionalmente establecida hace que, entre aquellos que no somos partidarios de una hipotética secesión, se escuchen frases como “mejor no meternos en estos temas” o “vale la pena callar”. No obstante, ¿es esa la mejor forma de actuar?

Hannah Arendt decía que “no solo estamos en el mundo, sino que formamos parte de él”; y en este sentido, teniendo en cuenta que el hombre es un ser político, éste tiene que tomar partido de las decisiones que se adoptan socialmente, ya que en sentido contrario, otros ocupan su espacio y capacidad de decisión.

En este sentido, el significado de la política se basa en la pluralidad de los hombres; es decir, la implicación del ser político en los asuntos públicos con la intención de llegar a acuerdos y visibilizar disensos, respetando y protegiendo la pluralidad política, que es la verdadera sustancia de la libertad.

Por tanto, todo aquel intento de refugiarse en la “antipolítica”; esto es, en mantenerse al margen de la acción política, genera para el sujeto en cuestión una falsa sensación de libertad, puesto que el espacio privado donde se refugia es sólo libre y disponible mientras esté protegido por dicha acción concertada entre diferentes.

En mi opinión, esta concepción sobre el significado mismo de la política es la que tendría que tener todo buen gobernante, puesto que dicho respeto y protección a la pluralidad es lo que le diferencia de los movimientos totalitarios, para los que la acción política pasa necesariamente por la abolición de la diferencia y la discrepancia; hecho que, para Arendt, implica la abolición de la política. Esta necesidad se acentúa si hablamos de los gobiernos locales, donde tendría que primar la cohesión social y la resolución de los problemas de los ciudadanos.

Por desgracia, desde hace muchos años, pero de forma más acentuada en la fase final del “procés”, muchos municipios catalanes como Tortosa tienen que sufrir el intento de imposición de una determinada forma de entender la política, alentando la demonización del discrepante mediante la colocación de pancartas en edificios públicos, la vulneración de las ordenanzas de buen uso de la vía pública con el beneplácito del ayuntamiento para cubrir todo espacio público de símbolos partidistas, o la persecución política de aquellos partidos que se oponen a dicho modus operandi.

Por ello, y respondiendo a la pregunta del inicio, los ciudadanos no debemos mostrar una actitud pasiva respecto a estos intentos de acabar con la pluralidad que siempre ha caracterizado la vida pública catalana; y por tanto, hay que denunciar públicamente y mediante los mecanismos previstos en la ley todo intento de usurpación del espacio público, como es el caso de las pancartas a favor de los presos políticos o el intento de conversión de la delegación de la Generalitat en Tortosa en una sede de la ANC. Porque sólo así conseguiremos devolverle a la política su verdadero significado.

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