Si el separatismo afirma que “lo volverá a hacer” no hay que darle ni la más mínima oportunidad de que lo intente de nuevo. Sus dirigentes y partidarios no se han arrepentido y encima cada día nos chulean. No tienen propósito de enmienda y siguen con su proyecto totalitario desde el gobierno autonómico. Y como desde la Generalitat se malgasta millones y millones de euros en alimentar el ‘procés’, cuando el dinero público es más necesario que nunca. Salvador Illa no ha cambiado el rumbo del Govern, y fuera de algunos gestos estéticos – reunirse con el Rey – que son respetables, la política real es la que seguía Pere Aragonès. El PSC no busca la ‘concordia’, sino conseguir el máximo poder posible pactando con el secesionismo.
Es suficiente con ver cada día cualquier informativo de TV3 para ver que siguen con su maquinaria de propaganda intacta para “volverlo a hacer”. Siguen con sus mantras habituales y con un buen número de tertulianos a sueldo que ponen a España a la altura de una dictadura salvaje que golpea ancianitas. El “España contra Cataluña” es el gran mensaje que los medios de comunicación públicos y privados que domina el separatismo catalán lanzan cada minuto del día, los 365 días del año.
La “paz social” no puede consistir en despreciar los sentimientos y los derechos de todos aquellos que nos oponemos al separatismo y que hemos pagado un alto precio por sus abusos totalitarios. La “paz social” puede construirse sí hay un arrepentimiento sincero de los golpistas, la total retirada de la vida pública de aquellos dirigentes separatistas que se han dedicado a sembrar mentiras y rencor sobre la población catalana, un desmantelamiento total por parte del separatismo de las estructuras de poder que han creado para dar su golpe de Estado y, sobre todo, una actitud continuamente vigilante por parte de los poderes del Estado para evitar nuevas tentaciones totalitarias por parte del independentismo.
Este sería el punto de partida para intentar una reconciliación entre los catalanes separatistas y los que no lo somos y, sobre todo, con el resto de españoles que han visto como día tras día los golpistas insultaban a nuestro país e intentaban destruir nuestro sistema democrático. Sin estos mimbres, no hay nada que hablar. Si a estas alturas de la película no hemos aprendido nada, acabaremos perdiendo y el separatismo acabará destruyendo nuestra nación.
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